Génesis

Wilson, E.O. (2019/20).- Génesis. El origen de las sociedades. Barcelona: Drakontos.

Portada del libro
Portada del libro

Si hay algo que no es necesario hacer en esta ocasión, es justamente la presentación de su autor, dado su merecido reconocimiento internacional. Se pregunta desde el primer momento sobre qué somos, qué nos creó y qué queremos llegar a ser. No se encuentra satisfecho con las respuestas provenientes de las religiones y confía en lo que nos puedan aportar campos científicos como la paleontología, la antropología, la psicología, la biología evolutiva y la neurociencia. Desde su atalaya privilegiada de investigador muy productivo a lo largo de muchos lustros, de sus dos premios Pulitzer y de ser uno de los grandes maestros de la Nueva Síntesis, nos ofrece una brevísima obra (obra de síntesis), a fin de dar respuestas (científicas), en su conjunto, a las tres grandes cuestiones antes planteadas.

Su punto de partida: lo que él denomina certeza casi absoluta. Todas y cada una de las partes del cuerpo humano y de la mente tienen una base física que cumple con las leyes de la física y la química. Todas ellas se originaron mediante la evolución por selección natural, que es multinivel -individual y grupal-, siendo así que las mutaciones proponen a la par que los ambientes disponen. Nos encontramos ante la evolución de la flexibilidad de los genes, como pone bien de manifiesto el caso del bichir del Nilo, pez capaz de modificar sus patas y su comportamiento en función de las exigencias de adaptación a dos ambientes muy  diferentes: la tierra o el agua.

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Igualdad =

Wilkinson, R. y Pickett, K. (2019). Igualdad =. Cómo las sociedades más igualitarias mejoran el bienestar colectivo. Madrid: Capitán Swing.

Portada del libro IGUALDAD=

En ocasiones son los psicólogos lo que hacen aportaciones relevantes a otras disciplinas. Uno de los casos internacionales mejor conocido es sin duda el de Kahneman, quien recibió el Premio Nobel de Economía (en 2002), trabajando desde la Psicología. Los economistas se vieron obligados a poner en duda un dogma hasta ese momento presente (la plena racionalidad de la toma de decisiones en el ámbito de lo económico), pues se habían de incorporar a partir de entonces los sesgos cognitivos, condicionantes de ese tipo de decisiones, como así hicieron de hecho los llamados economistas conductuales.

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