¿Ética para robots?

Acaba de ver la luz esta obra de Coeckelbergh [Coeckelbergh, M. (2024). La ética de los robots. Madrid: Cátedra], de quien en su momento hicimos aquí la pertinente recensión de otro de sus libros.

Ante los robots (de muchas clases: drones asesinosmatanzas selectivas-; asistentes o compañeros sociales –robots niñeras-; diagnosticadores, terapéuticos, cirujanos y exoesqueléticos; industriales –industria 4.0-; de servicios -esfera económica-; coches autónomos…), algunas personas sienten auténtico temor -pesadillas-, mientras que otras muestran su fascinación -nuevo becerro de oro-, unas los consideran nuestros sirvientes, otras los perciben como entes poderosos –máquinas rebeldes– a los que habrá que servir, dado su creciente poder en nuestras sociedades muy digitalizadas –automatizadas-. Son, pues, entes o criaturas -androides/humanoides- inquietantes: producen extrañeza, inquietud. ¿Cuál es la posición moral de los robots? ¿Agentes o pacientes morales?

Hay un hecho bien constatado, en todo caso: los robots están aquí para quedarse. Además, ya tenemos con nosotros la ciencia de la robótica. Ante esta situación, deliberemos. ¿No sería bueno pensar de forma crítica tanto sobre sus usos -o abusos- como sobre sus desarrollos -beneficios y oportunidades potenciales-? Hablamos de los espejos robóticos (todo sobre los humanos): espejos para la reflexión sobre lo humano y la ética. He aquí una valiosa perspectiva, sobre todo para la propia humanidad (concepciones transhumanistas, las de la hibridación -poshumanas- y, por supuesto, las medioambientalistas y ecologistas).

Esto nos obliga, por tanto, a ir más allá de lo que se podría circunscribir a su condición de artefacto -sus definiciones y componentes técnicos-, para englobar también las cuestiones éticas y sociales, los marcos culturales (ética o filosofía de los robots). Este es el centro de interés de esta obra, dentro de un declarado contexto -marco conceptual- de investigación inter y transdisciplinar.

Uno de los núcleos de atención que más preocupa en estos momentos es el de las posibles relaciones entre los trabajos que son capaces de hacer los robots -nueva mano de obra industrial- y los puestos de trabajo de los humanos -un porcentaje elevado de empleos en peligro, mayores desigualdades, una brecha mayor entre ricos y pobres…-. No es materia que haya que dejar de lado, por tanto.

Deberíamos, en consecuencia, ser conscientes de que podemos encauzar el futuro de la tecnología y de su incidencia -positiva y negativa- en nosotros y nuestras sociedades. Los robots pueden ser ciertamente un problema, pero también ser determinantes en su solución, sin tener que caer en el solucionismo tecnológico. ¿Podemos, si es que fuera aconsejable, dotarlos de una ética computablemáquinas morales, moralidad funcional– o la ética correspondería en todos los casos a los humanos? ¿Qué tipo de responsabilidadbrecha de responsabilidad, rendición de cuentas, redes de responsabilidad– cabe atribuirles?

También nos están ya ocupando y preocupando los asuntos relacionados con la privacidad -amenazas-, la seguridad -la paradoja de la autonomía/seguridad, la protección -oferta de una simulación: engaño– y la vigilancia capitalismo de la vigilancia– en el caso de los robots compañeros del hogar. El análisis de la interacción personas/robots también se extiende a la mantenida con los animales, aunque es infrecuente su consideración, y al impacto medioambientalhuella de carbono-. A la luz de lo señalado, cabe inferir, con rigor, que la lectura de esta breve obra -no llega a 200 páginas- nos proporciona claves relevantes -con sus múltiples interrogantes- para una reflexión sobre los robots, la inteligencia artificial, los humanos y sus respectivas interacciones -¿saludables o perniciosas?-. Tú decides: ¿más en la dirección de una utopía (eudaimonia, espiral virtuosa, artesanía personal, excelencia en el cuidado) o de una distopía (circulo vicioso)? No desaproveches lo que tienes a mano, por tu propio bien y el de la sociedad.

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