Cómo evitar un desastre climático

Gates, B. (2021). Cómo evitar un desastre climático. Las soluciones que ya tenemos y los avances que aún necesitamos. Barcelona: Plaza & Janés.

Portada del libro

Buena parte de los autores/as cuyos libros ya hemos recensionado asumen que el cambio climático es uno de los asuntos más trascendentales para el futuro inmediato de nuestra humanidad y del planeta.El autor de esta obra es sobradamente conocido internacionalmente. En esta ocasión podremos contar no sólo con sus conocimientos e iniciativas (Coalición para el Progreso Energético, a título de ejemplo ilustrativo), encaminados a evitar el desastre o catástrofe climática –lo que no sería ya de por sí poca cosa-, sino también con los conocimientos actualizados y bien fundamentados provenientes de personas y grupos relevantes del mundo científico que lo han asesorado adecuadamente. Él no tiene ningún reparo en reconocerlo abiertamente en el libro, lo que sin duda le honra.

El punto de partida es claro: aproximadamente 51.000 millones de toneladas de gases causantes del efecto invernadero (en equivalentes de dióxido de carbono) son lo que lanzamos cada año a la atmósfera. El objetivo también lo es: reducir esos millones a cero (emisiones netas nulas y emisiones netas negativas).

Si no nos encaminamos ya en esa dirección (adaptación y atenuación, aunque el camino no sea precisamente fácil), estaremos abocados a un inmenso desastre a escala mundial (aumentos de temperaturas, incendios, sequías, inundaciones, ascenso de los niveles del mar…). Hay que tener en cuenta que los efectos del cambio climático son acumulativos. Suponen, por consiguiente, una gran amenaza para la existencia de la propia humanidad.

Ante esta crítica situación surge la gran pregunta: ¿es posible evitarlo, contando con las aportaciones científicas –avances tecnológicos- y los imprescindibles compromisos políticos? Sí lo es, a juzgar por los sólidos argumentos esgrimidos aquí, que tratan de proporcionar claridad en medio de las confusiones y contradicciones hoy existentes. Luego, parece obligado conocerlos en un primer momento para después ser consecuentes en nuestras vidas cotidianas con las derivaciones prácticas de los mismos.

Hemos de poner nuesro foco atencional en la utilización de las fuentes de energía renovables (solar, eólica –terrestre y marina-,  geotérmica, hidráulica…), a la par que en la creación y comercialización de nuevas tecnologías -con huella de carbono cero-, para aplicarlas en la generación de electricidad limpia, fiable y abundante –descarbonizar la red eléctrica-, en los materiales que utilizamos –cemento, acero, plásticos…- en el cultivo de alimentos –agricultura, ganadería…-, en el transporte de mercancías y personas –descarbonizar nuestros sistemas de transportes-, entre otras muchas actividades humanas.

Ahora bien, tenemos que ser conscientes de que todas las transiciones energéticas hasta el momento han necesitado de mucho tiempo (carbón,  petróleo, gas natural), al igual que ocurrirá con las energías renovables. Estamos, como uno se puede imaginar, ante una tarea titánica. Los retos y obstáculos, científicos y políticos, son considerables, pues el paso de tecnologías sucias, pero relativamente baratas, a tecnologías de cero emisiones tendrá sus elevados costes (primas verdes). Todos estos costes ya pueden ser calculados y comparados, como primer paso del tránsito de unas a otras energías. Además, los experimentos mentales, las simulaciones digitales, los modelos informáticos… pueden ser de gran utilidad a la hora de la toma de las pertinentes decisiones.

En este contexto, realismo y optimismo están llamados a converger, si se produce una eficiente relación bidireccional, que se traduciría en manifiestos beneficios a escala mundial. El solo realismo puede degenerar en pesimismo insano (es imposible evitar ya el desastre climático). El solo optimismo puede conducirnos a una euforia desmedida: la ciencia –inteligencia artificial, robots…- podrá con todo, por lo que no es necesario ocuparnos más de estos asuntos.

El libro es una buena materialización, de ahí la importancia de su lectura, del maridaje fructífero del realismo  (análisis pormenorizado de la crítica situación actual) y el optimismo  (confianza en  la ciencia y en la tecnología, en las oportunas decisiones políticas -regulaciones, deducciones fiscales, subvenciones, financiación adecuada, investigación…- y en los mercados ejecutores-), en nuestro complicado y costoso camino –primas verdes– hacia el objetivo final: la reducción de emisiones contaminantes a cero. Merece mucho la pena comprometerse en este viaje, porque, nunca mejor dicho, nos puede ir la vida en ello.

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