Ignorancia

Burke, P. (2023). Ignorancia. Una historia global. Madrid: Alianza.

Portada del libro

Este profesor emérito, bien conocido a escala internacional, pone de manifiesto aquí al menos dos características complementarias de intersección entre autor y obra: el magnífico desarrollo de su inteligencia cristalizada y el patente afecto por la educación. Como cabía, con razón, inferir se constata sabiduría por doquier y elegancia en la escritura, quedando manifiestamente claro que al menos cierto tipo de ignoranciaignorancia activa, creada: amplia difusión de la ignorancia…- en modo alguno es buena consejera para cualquier desarrollo personal y social saludables (agnotología).

Por el contrario, los desastres que provoca son muchos y diversos -incluso la sobrecarga de información puede ocasionar un grave fallo de filtrado-. Se hace necesario, en consecuencia, tratar de distinguir las variedades de ignorancialas ignorancias (selectiva, genuina, imprevista, voluntaria…)-, pues la ignorancia es un concepto más complicado de lo que podría parecer en un primer momento.

No perdamos, pues, el tiempo. Vamos al grano. Empecemos con la epistemología de la ignorancia (agnoiología: teoría o doctrina de la ignorancia)-cómo y por qué nos mantenemos en la ignorancia, cuáles son las diferentes formas de ignorancia (necesidad de un currículum nulo)-.

Repasemos, en primer lugar, las formas colectivas de ignorancia -organizativas, institucionales: un lastre (amnesia corporativa o institucional, de cita, ignorancia local, blanca, puntos ciegos, pérdida de Kuhn, ausencias elocuentes, ignorancias simétricas y asimétricas, recíprocas, fingidas)-. Como vemos, la propia ignorancia ha sido en buena medida ignorada –amnesia selectiva-, lo que nos ha imposibilitado saber su poder -el de la nesciencia-. Es una clara llamada a la humildad colectiva frente a una interpretación whigde la historia.

Hoy, por tanto, corremos un serio peligro -sesgo- de enfoque: el de creer que la ignorancia es cosa del pasado, dado que los conocimientos científicos poco a poco la van sepultando. La dura realidad es que los propios científicos, en un número nada despreciable, son legos fuera de su campo de saber concreto –visión de túnel (analfabetismos de otras áreas de conocimiento: analfabetismo geográfico o ecológico, por ejemplo), frente a las personas polímatas. Además, todavía los huecos en el conocimiento siguen rellenándose con mitos.

Esto nos lleva a un asunto central: la educaciónesta no es cara, sino la ignorancia; problema de las dos culturas; educados en la ignorancia; amnesia pagada por el Estado-. Además, la ignorancia -relativa: rumores (noticias falsas o bulos)- ha de ser analizada por sus nefastas consecuencias, como se pone de manifiesto en las propias guerrasjuegos de suma cero, niebla de la guerra-, en donde es posible ver que el conocimiento juega un papel relevante frente a la ignorancia -y a la arrogancia-.

Lo dicho de la guerra, al menos en parte y cambiando lo que sea pertinente cambiar, valdría para los negocios -tomar decisiones sobre futuros inciertos-, en cuanto al eje conocimiento/ignorancia -ausencias de conocimientos- (Segunda Revolución Agrícola, Gran Salto Adelante, silencio organizativo, analfabetismo contable -incapacidad para detectar mentiras relacionadas con ese ámbito-, inversores inexpertos, economía en la sombra, paraísos fiscales…).

Otro campo relevante de estudio de las ignoranciasignorancia estratégica, voluntaria– es, sin duda, la política -poder e ignorancia política: de los gobernados, de los gobernantes y la organizativa (maquinaria del gobierno)-. Los rumores, las teorías de la conspiración -complot papista, conspiración de la pólvora, sospechas sobre las vacunas…-, las zonas de ignorancia, los malentendidos, la ignorancia imperial o colonial, la producción de la ignorancia, la censura, la negación, la desinformación, los secretos, los encubrimientos, la posverdad florecen con cierta facilidad dentro del campo cultivado de la ignorancia.

Incluso parece imprescindible analizar la ignorancia del futuro -sorpresas, catástrofes (incendios, inundaciones, hambrunas, huracanes, terremotos, epidemias, entre otros fenómenos)-, muy especialmente la distribución social de la ignorancia: las personas que conocen la situación no tienen el correspondiente poder para actuar, mientras que quien sí lo tiene, desconoce (ignora) la situación. Este es el contexto propicio para los seguros -cálculos de probabilidad: domesticación del azar e incertidumbre radical-. En todo caso, hemos de tener en cuenta que hablar o escribir sobre riesgos es sumamente arriesgado.

A la luz de lo dicho, una conclusión parece clara: estamos llamados a transformar las ignorancias en conocimientos y estos en formas -intervenciones- eficientes para salvar y mejorar nuestras vidas. Nos queda un largo y apasionante camino por andar -ojo, porque la soberbia humana será, como ya lo ha sido a lo largo de la historia, nuestra némesis-. No te quedes ahí parado. Goza tú y ayuda a gozar a los demás, gracias a esta saludable transformación.

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