Regénesis

Monbiot, G. (2022/23). Regénesis. Alimentar al mundo sin devorar el planeta. Madrid: Capitán Swing.

Sin duda, estamos ante uno de los problemas –amenaza existencial– más importantes de nuestros días. El autor de esta obra es bien conocido a escala internacional y con muchos merecidos premios a sus espaladas. Así pues, creo que la lectura del libro –buena polinización– puede ser una forma elegante de dar comienzo al nuevo año (2024), ¿no te parece? Pues vamos a ello.

En muchas ocasiones vemos lo que otros ven e ignoramos lo que ignoran. Un claro ejemplo de ello es el suelo (ciudad cosmopolita) -la tierra: uno de los ecosistemas más rico de nuestro planeta (varios miles de especies bajo un metro cuadrado de un simple huerto, más de mil millones de bacterias en un único gramo de tierra de la rizosfera)-. La humanidad depende de esta.  Nuestra salud está condicionada por la salud del suelo. Gran parte de nuestros antibióticos han sido desarrollados por las bacterias del suelo, en el campo de batalla de la rizosfera. Sería, por tanto, bueno contar lo antes posible con una buena teoría del suelo Ecología del suelo-, pues sabemos que el futuro aguarda bajo tierra. De momento, sin embargo, no contamos ni siquiera con un tratado mundial del suelo.

La cuestión aquí es que tal vez estemos mirando en el lugar equivocado, por lo que no vemos la rica biodiversidad subterránea (la red trófica del suelo): hasta la fecha solo un 10% de los pequeños animales del suelo han sido identificados –el enigma de los oribátidos-. El mundo vegetal está plagado de lenguajes químicos que solo los microbios diana pueden entender. Si nos animamos a comprenderlos -entender este lenguaje-, quizás sea posible garantizar nuestra supervivencia -en peligro-, protegiendo -no destruyendo- la vida existente en nuestro planeta.

Estamos hablando necesariamente de sistemas complejos -que no es lo mismo que complicados-. Entender su funcionamiento es de vital importancia para evitar posibles colapsos contagiosos, a escala mundial. Por lo que ahora nos atañe, cabe preguntarse: ¿es resiliente el actual sistema mundial de alimentos -dieta estándar global, agricultura estándar global, cambio de sistemas imperfectos por disfuncionales, hiperconexiones que derivan en hiperriesgos-, pues nos va en ello nuestra propia vida? En estos momentos el sistema parece estar perdiendo su resilienciainestabilidad sistémica: cambio climático y sus múltiples consecuencias, devastadoras para el sistema mundial de alimentos y para la humanidad-. Ya en estos momentos, las sequías, la erosión del suelo y la sobreexplotación de la tierra han supuesto que la desertificación afecte a un tercio de la población mundial. Vamos, pues, por muy mal camino.

Es cierto que, en un mundo imperfecto, no hay soluciones perfectas, mucho menos cuando a los sistemas complejos nos estamos refiriendo. La creciente hiperespecialización -separación- de las distintas disciplinas científicas no ayuda precisamente al riguroso conocimiento de estos sistemas. De ahí que nos tengamos que preguntar, en nuestro caso concreto, si sería posible alimentar a todo el mundo con menos agricultura/ganadería de la del tipo actual -la ganadería estándar global crea el río estándar global: hostil para la mayoría de las especies salvo para la deseada y alguna otra minoría-. La agricultura y la ganadería amenazan pues la salud humana y la de la naturaleza (microplásticos…).

¿Tenemos entonces salida? Parece que sí, siendo conscientes de que toda solución (labranza cero, soberanía alimentaria, especies perennes, fermentación microbiana…) tiene su contrapunto, pues ninguna tecnología nos pone a salvo de la estupidez: es posible producir más comida con menos agricultura. ¿Cómo? Cultivando biodiversidad (bajo tierra y sobre la tierra) –sentido horticultural-: lo opuesto a la agricultura estándar global-. Hay que liberar los nutrientes  cuando se necesitan, después hay que fijarlos -sistema autorregulado-. Claros indicios que nos guían hacia la agricultura ecológica (renaturalización, agroecología de alto rendimiento y bajo impacto…).  Vamos conociendo que con una mayor variedad de plantas obtenemos una mejor salud del suelo y una disminución de la incidencia de las plagas. Tal vez por aquí debiéramos orientar nuestro futuro: el del suelo -naturaleza-, el de la alimentación y el de la salud de las personas y del planeta. Estamos eso sí en los comienzos (reducción del uso de tierra, de la agricultura y de la ganadería…). Y recordemos: no existen panaceas. ¿Sería posible, en todo caso, pasar de una probable Edad de la Extinción a otra de la Regénesis? Lee y actúa en consecuencia. Ya verás como te sientes mejor. La propia Tierra se mostrará agradecida.

Marcar el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *