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ACIPE Asociación Científica de Psicología y Educación
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La vida en un planeta poco conocido

Juan Fernández Sánchez

octubre 1, 2026

Kolbert, E. (2025/26). La vida en un planeta poco conocido. Mensajes de un mundo en transformación. Barcelona: Debate.

Esta reconocida autora -a escala internacional: Premio Pulitzer (2015)-, está asociada a su obra La sexta extinción, en el marco de los estudios en torno al cambio climático y la transformación del mundo natural. En este libro se nos va a ofrecer un viaje por lugares que nos posibilitarán entender -científicamente- tanto las esperanzas como las amenazas –Antropoceno: impactos cada vez más destructivos y conocimientos más sofisticados (ironía de la evolución orgánica)- que vertebran nuestro mundo actual y nos posibilitan prever el futuro. Debiéramos entonces estarle muy agradecidos, ¿no? Ella, generosamente, así lo muestra con aquellas personas que tanto le han enseñado sobre lo que ahora sabe (auténtica humildad científica). Comencemos, pues, a caminar.

Una cuestión de plena actualidad: ¿podría la IA ayudarnos a entender el lenguaje/comunicación con otras especies? Supondría un avance considerable, sobre todo si nuestro objetivo es la conservación de la naturaleza –planeta todavía poco conocido-. Ya se cuenta con avances significativos (codas: ballenas, cachalotes…). En la misma línea de preguntas de cierta relevancia existencial: ¿por qué manifestamos tanta o más curiosidad por la vida en Marte -o en el espacio- y bastante menos por las numerosos criaturas -no bien conocidas/descritas- que habitan bajo nuestros pies? No deja de ser curioso que, desde la perspectiva de una oruga -se reinventan continuamente-, los humanos pareceríamos aburridos.

La biodiversidad en nuestro planeta es muy superior a lo que solemos imaginar y, en general, está sumamente infravalorada -son inmensos los beneficios que nos aporta de los que no somos conscientes-. Si contribuimos a su disminución –apocalipsis/declive de los insectos; entre un 15 y 30 por ciento de flora y fauna puede verse amenazada- nuestra vida en la Tierra se irá transformando y, muy probablemente, para peor. Ahora bien, ante tamaña complejidad, las soluciones simplistas no sirven. Es un hecho que las especies invasoras están por todas partes: ¿qué hacer al respecto? ¿Procedemos a su eliminación -si fuera posible: caso de Nueva Zelanda-?

Las preguntas existenciales se acumulan ante hechos cada vez más patentes/contundentes (Groelandia se derrite -billones de toneladas de hielo: ¿retroceso irreversible?-, reducción del lago Powell -retrocede-…). Vivimos en el clima del pasado –desafío definitorio de nuestra época–, lo que nos indica que estamos condicionando nuestro futuro –los efectos perturbadores del cambio climático son constatables/cuantificables (más de 60 millones de hectáreas de bosque de Estados Unidos y Canadá han muerto por plagas de escarabajos debido al calentamiento/aumento de las temperaturas, un peligroso aumento del nivel del mar/asedio de la ciudad de Miami Beach…)-. El lenguaje -logro esencial del ser humano- muestra abundantes extinciones, siendo probable que, a finales del siglo actual, hayan desaparecido más de la mitad de las 6000 lenguas existentes en todo el planeta (cada lengua es un tesoro de experiencia humana).

Y con respecto a posibles soluciones de futuro, ¿qué decir? Lo primero: diagnóstico certero de una realidad en proceso de cierta degradación -cambio climático…-. Después, actuar conscientemente –conciencia energética, descontaminación consciente, conciencia planetaria– de forma coordinada y en la misma dirección –restauración ecológica-: personas, sociedades y humanidad. Pese a los desastres que se nos avecinan, es posible aún la esperanza -¿debe tener derechos el mundo natural?-.

Libro actualizado de trabajos que en su momento ya vieron la luz. Bien escrito y documentado. Nos proporciona una visión que nos indica que ha llegado el momento de ponernos a trabajar, pues el no hacer nada -su coste- supone la degradación existencial de nuestro planeta que es en el que de momento nos es dado vivir. Además, la aplicación de los conocimientos científicos –buena ciencia: cambio de marco mental/paradigma– puede, al menos en buena medida, revertir/mejorar el proceso (¿Sociedad de Dos Mil Vatios?; ¿modificación de la fotosíntesis?; ¿emisiones negativas -paradójicas-?; ¿resilvestración?, ¿desvinculación del crecimiento económico y las emisiones de gases de efecto invernadero? … ¿herramientas del siglo XXI para resolver los problemas de este siglo?), ofreciéndonos así -a la humanidad- una buena oportunidad vital –realista/idealista: evitar la injerencia antropogénica peligrosa en el sistema climático-.