El cerebro ideológico
Juan Fernández Sánchez
septiembre 25, 2026
Zmigrod, L. (2025). El cerebro ideológico. La nueva ciencia de la neuropolítica. Barcelona: Paidós.

Esta neurocientífica, pionera en el ámbito de la relación entre el cerebro y la política, tratará de poner de manifiesto cómo las ideologías –asuntos políticos: conjunto de principios morales que compartimos con los demás (convicción)- condicionan/transforman nuestro cerebro. ¿Se podría hablar con rigor entonces de una nueva ciencia, denominada neuropolítica -campo nuevo, emergente y todavía en desarrollo-? Pues veámoslo a continuación, dado que ese es el objetivo del libro: descubrir cómo es el cerebro libre, auténtico y tolerante.
El punto de partida: podemos comprobar experimentalmente cómo las ideologías -de todo tipo- tienen incidencia radical en nuestros cerebros -consecuencias neuronales, individuales y existenciales-. No se limitan en modo alguno a vaciar las mentes -obediencia ciega, conformidad acrítica, pasividad inconsciente…-, rellenándolas a su vez de pensamientos erróneos. No funciona así el cerebro -este tiene su responsabilidad-.
Ahora bien, un análisis histórico sobre los diversos tipos fundamentales de ideología y sobre la consciencia -¿la ideología precede a la consciencia?- nos ayudará a entender en la actualidad estos constructos, si tenemos justamente en cuenta su residencia en el cerebro y que pueden ser sometidos a experimentos -su valoración/medida-, que es el núcleo central de la propuesta que se trata de justificar.
Vamos entonces con el cerebro. Es un órgano predictivo -expectativas implícitas-, que no deja de crear hipótesis, tratando en todo momento de comprobar si se cumplen. Es un pronosticador generativo y creativo. Muestra, igualmente, una enorme capacidad comunicativa. Anhela la reciprocidad (rituales, efervescencia colectiva…). La vida de un cerebro tiene que merecer la pena y se logra mediante las interacciones sociales. La pregunta entonces relevante: ¿las personas con ideologías distintas cuentan con cerebros en los que aparecen sutiles diferencias estructurales y funcionales?
Nos toca así unir ideologías y cerebro. De hecho, las ideologías son la respuesta del cerebro al problema de su predicción y su comunicación. Nos introducimos de este modo plenamente en el pensamiento/razonamiento ideológico –superlógico, hiperlógico: se pretende explicarlo todo; juego de suma cero, inevitabilidad, determinismo, metáfora de la espiral: caer y salir de ella, cómo las causas y las consecuencias se afectan mutuamente a lo largo del tiempo-. El ideólogo comprometido trata de eliminar lo que le es contrario -doctrina e identidad rígidas (unidas o separadas, aunque en general, unidas)-. Las ideologías, por tanto, determinan quiénes están en posesión de la verdad (nosotros) frente al resto (ellos). Ante este tipo de personas, las no ideológicas se esfuerzan por logar la humildad intelectual (flexibilidad cognitiva, el espectro (variabilidad) frente a lo binario).
¿Qué relación existe entonces entre ideologías y cerebro? ¿Qué es primero? Parece ser que existe una bidireccionalidad/circularidad: nuestros cerebros, por un lado, condicionan nuestra política privada, a la par que, por el otro, nuestras ideologías condicionan el funcionamiento del cerebro (epigenética del extremismo, adoctrinamiento, cautela perceptiva en milisegundos, marcadores fisiológicos de la ideología política, lo que sientes te delata, sesgo de negatividad, amígdalas/corteza cingulada anterior/corteza prefrontal e ideologías…). El modo de interpretar el mundo de nuestro cerebro es fiel reflejo de cómo nos acercamos a él -aprender a ver más, a oír más, a sentir más-. Las ideologías son, en consecuencia, fenómenos corporales.
Es verificable lo dicho, gracias a los experimentos (test de los usos alternativos: flexibilidad generativa; test de clasificación: flexibilidad reactiva; fusiones de identidades: personal/individual y política; teoría de la herradura…). El estilo cognitivo -rigidez/flexibilidad mental- y el estilo ideológico (Brexit, derecha e izquierda políticas…) muestran altas correlaciones, aunque las interpretaciones pueden ser complejas, debido a los problemas definicionales y de medición.
Hay que seguir, por tanto, profundizando, siendo conscientes de que los experimentos y estudios empíricos hasta ahora llevados a cabo nos animan a ello, posibilitando de momento ciertas afirmaciones cautelosas en torno al cerebro ideológico. Vamos teniendo conocimiento de ciertos factores protectores -flexibilidad cognitiva, regulación emocional, contextos vitales resistentes…-, capaces de debilitar o incluso imponerse a los factores de riesgo (rigidez, prejuicios, exclusión social…).
Libro de divulgación –ameno-, que pone en valor la importancia de la neuropolítica. Ciencia que intenta dar los primeros pasos para consolidarse como disciplina empírica a la hora de poder explicar con cierto rigor las relaciones bidireccionales entre ideología y cerebro. No está mal para comenzar. Merece la pena echar un vistazo. Leámoslo, pues.