¿Te apetecería conocer un poco más a los sabios/profetas de la Ilustración oscura?
Juan Fernández Sánchez
octubre 27, 2026
Pues aquí y ahora -finales de octubre de 2026- tienes una buena oportunidad de informarte: Miranda, A. (2026). La Ilustración oscura. Comprender el pensamiento neorreaccionario. Barcelona: Taurus. Hablamos del auge ideológico actual del pensamiento neorreaccionario. Sin su análisis/compresión, tal vez estemos dando palos de ciego. Mal asunto, entonces. Por la cuenta que nos pueda traer, comencemos ya. Un principio básico de la buena ciencia (rigor y ciudadanía) es: primero investiguemos, después valoremos y seamos consecuentes (primero los bueyes y después el carro -comprensión, crítica y respuesta teórica/compromiso-; en modo alguno al revés).

En un principio imperaba la retórica nacionalpopulista, después -por insuficiencia: la necesaria recomposición ideológica- hubo que añadir el posliberalismo y la neorreacción (contracultura internauta, marco poslibertario), que acabarían imponiéndose (visión del mundo: cosmovisión –pensamiento/proyecto neorreaccionario-; ola iliberal contemporánea; tecnofuturismo), todo ello contra el progresismo cultural (aversión a la democracia, que sería un sistema de gobierno basado en una religión oficial, el progresismo).
Así dicho, procede a continuación su desglose -específicamente histórico-, con algunos de sus principales protagonistas, sobre todo estadounidenses. Para abrir el apetito, consigamos una cartografía de las derechas de este país (Estados Unidos), asentadas sobre los cimientos de conservadores -paleoconservadores y neoconservadores- (defensa del statu quo), reaccionarios (voluntad de reconstitución del pasado) y liberales/libertarios -de derechas: preservar el orden social liberal moderno, pero nada más; reducción, pues, de las funciones del Estado (libertad individual contra la tiranía del Estado)-.
Así, ya podríamos adentrarnos -iluminar- la ilustración oscura –constelación, canon-, neorreacionaria (derecha internauta: ramas tradicionalista, futurista, nacionalista… diversidad), que se constituye en el principal objetivo a tratar. Su mundo contextual: la cultura de internet (contracultura internauta desde el anonimato –pasivismo-). La propuesta: un reset absoluto -ir a por todas- a fin de que la democracia no pueda recuperar en adelante sus derechos.
Ejemplos muy ilustrativos/preponderantes –influencers– de la producción intelectual/teórica de la constelación reaccionaria: Yarvin, con sus textos panfletarios y provocadores (realismo); Land -el segundo Land-, con su hermetismo filosófico (aceleracionismo incondicional prescriptivo: el despliegue del capitalismo en el marco del devenir entrópico de la materia -colapso de la civilización humana, debido al canibalismo civilizacional-; futurismo); Spandrell, con su crítica al bioleninismo; Alamariu, con su producción de un espécimen supremo -patrimonio genético de la élite-, entre otros. La parte complementaria -de esta visión teórica- está constituida por el mundo empresarial -sus intelectuales-: Thiel (primero, libertario conservador y, después, reaccionario: progreso vertical) y Andreessen, en tanto defensor apasionado del tecnoaceleracionismo sin reservas -élite sobrehumana, superhombres tecnológicos-.
Teniendo en cuenta ahora las fantasías tecnofuturistas de algunos neoreaccionarios (hay corrientes bastante diversas), ¿cómo cabe imaginar -según ellos- nuestro futuro? Es preciso cruzar el Rubicón (golpe de Estado purgativo: cambio desde arriba): imponer la constelación neorreaccionaria sobre una democracia que muestra claros síntomas de debilidad a la hora de resolver los complejos problemas con los que nos enfrentamos en la actualidad. Esto implica: recortes presupuestarios, desfinanciación de programas culturales (el desigualitarismo), homogeneidad cultural frente al multiculturalismo, jerarquías y valores tradicionales mejor que progresismo… aceleración del tecnocapitalismo, iliberalismo (sistema alternativo a la democracia liberal), mundo pospolítico –free exit, capitalismo de la fragmentación, futuro transhumano–. El éxito actual de la neorreacción se asienta en su crítica a la democracia, a la par que en un manifiesto rechazo a la política como espacio autónomo.
Una pregunta ya final: ¿queda cumplido el objetivo explícito de comprender el pensamiento neorreaccionario? Ciertamente. Si es así, bien estaría que leyésemos este volumen si no solo no queremos caer en sus atractivas redes –Ilustración oscura-, sino, sobre todo, contar con argumentos -de la buena ciencia- y comportamientos -consecuenciales- con los que hacerle frente, para nuestro bien y el de la humanidad -así las lecturas nos harán más libres y, por tanto, más humanos (Homo sapiens: más allá del simple bipedismo)-. Lo que, se mire desde y por donde se mire, en modo alguno es cuestión baladí. Al menos a mí así me lo parece.