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¿Tiene futuro la democracia?

Juan Fernández Sánchez

octubre 8, 2026

Hemos de partir de un principio básico –epistemológicamente irrebatible-: perfecto y humano es un oxímoron. La cuestión entonces rezaría así ¿la democracia es todavía el sistema político menos malo de los existentes? De momento, parece ser que no hemos sido capaces, a lo largo de toda la historia de la humanidad, de encontrar uno que esté a su altura (absolutismo predemocrático, tiranías ideológicas o tecnocráticas, autocracias…). Si esto es así, y parece serlo, nuestra mirada ha de dirigirse preferentemente al futuro, coincidiendo así con el título que aparece en esta portada.

Portada del libro "El futuro de la democracia"

Si en la democracia el poder reside en el pueblo (ciudadanía democrática) -plural, diverso, interlocutores que discuten acerca de lo común…-, entonces lógicamente todas las personas debiéramos estar implicadas -en mayor o menor grado, según una escala de graduación comúnmente acordada (equilibrio inestable: principio de controles y contrapesos, generación de confianza, auditorías…)-, tanto en su conservación como, sobre todo, en su mejora –algo que está, por consiguiente, en nuestras manos frente a la aparente distracción colectiva actual (excesiva dosis de vagancia intelectiva)-. Hemos, por tanto, de intentar que siga siendo viable, pese a las múltiples amenazas e inquietantes desafíos de nuestros días.

¿Nos sería de ayuda echar un vistazo –reflexivo– a este libro que se centra, según su autor, no tanto en la agitada historia de la democracia cuanto en su incierto porvenir? Pues comprobémoslo de inmediato, desde la atalaya de la buena ciencia, como corresponde a una sociedad científica (ACIPE), pues tal vez tengamos que revisar conceptos –la claridad conceptual es el primer requisito para mejorar la democracia-, prácticas (¿un tecnosolucionismo que desafía la reflexión y la rendición de cuentas?) y, una vez más, previsiones (¿aceptaríamos un futuro transhumano y posdemocrático?).

Se nos dice, y con razón, que la democracia es uno de los grandes temas de nuestro tiempo. ¿Qué podemos -debemos- hacer nosotros para mantenerla/mejorarla (instituciones, regulaciones…) ante individuos autoritarios, golpistas, demagogos, intrusos… y contextos en los que predominan la desinformación, la ignorancia, las crisis, las desigualdades…? El hincapié hay que ponerlo, al menos en un principio, en nosotros (posible irracionalidad, predominio de los intereses particulares o del grupo sobre el bien común, nuestra propia inconsistencia…), pues de nuestra democracia se trata.

Hemos de resistirnos a nuestro desempoderamiento, a la asunción de que estamos condenados a la impotencia desesperada y paralizante, a la victimización, a la consagración de las desigualdades, a la naturalización de la violencia autoritaria. Si no lo hacemos, la democracia corre un gran/serio peligro. Ahora bien, no nos engañemos, no nos será fácil resistir, pues existen fuerzas poderosas -antidemocráticas- con otros objetivos vitales bastante distintos a los aquí propuestos.

El primer paso imprescindible es, en consecuencia, el intentar desvelarlas -identificarlas-. Después, ya vendría el resistir y luchar -se legitima de este modo la resistencia, a la par que se ha de estar abierto al cambio: nadie debe ser excluido-. En este contexto, surge una pregunta relevante y actual: ¿cómo activar la resistencia democrática ante la amenaza incrustada en la propia democracia? La oposición es uno de los agujeros negros de la democracia. Ha de ser debidamente analizada y tratada -sus diversos tipos: las oposiciones respetuosas y las que luchan por imponerse mediante procedimientos no muy democráticos-. En esta última clase/tipo es en donde reside el verdadero gran problema. Solo hemos traído a colación algunas pinceladas de lo expuesto en este volumen, netamente divulgativo -es la propia estructura querida por el autor (Premio Nacional de Investigación en Humanidades, 2022)-. Su eje vertebrador: ir poniendo de manifiesto la relación entre una serie de constructos/conceptos (verdad, mentira, hipocresía, moralización, contingencia, polarización (cacofonía caótica), imperio de la ley, juristocracia, totalitarismo libertario -síntesis peregrina-…)  y la democracia –pocos conceptos son tan controvertidos como este). Está bien escrito. Se lee con suma facilidad. Es un conjunto de reflexiones filosóficas en torno al futuro de la democracia (aprendizaje colectivo: gobernantes competentes -rinden cuentas-, gobernados críticos, perdedores responsables, inclusión -libertad sin exclusiones-, ensanchar la agenda de la democratización, conversación igualitaria, soberanía popular, reflexividad -la democracia es la institucionalización de la reflexividad-, autotransformación, autolimitación, distribución equitativa de futuros… frente a la predación posliberal -expertocracia, gobernanza algorítmica, desindividualización, sonambulismo tecnológico, inexorabilidad…-). Merece, pues, la pena leerlo.