ACIPE
ACIPE Asociación Científica de Psicología y Educación
Reseñas

Incertidumbre radical

Juan Fernández Sánchez

abril 23, 2026

Kay, J. y King, M. (2020/25). Incertidumbre radical. El arte de tomar decisiones ante un futuro incierto. Madrid: Innecesaria.

El objetivo principal es claro: desvelar cómo las personas toman sus decisiones en este mundo de incertidumbre radical (¿qué está pasando aquí, en una situación compleja?: imposibilidad de predecir resultados futuros, incluso asignándoles probabilidades; incertidumbre epistémica; problemas perversos, misterios; sabemos algo, pero nunca lo suficiente). Los autores son profesionales competentes -más de 50 años de vida ejerciendo como economistas-, de reconocido prestigio -a escala internacional-. Los posibles beneficiarios: personas preocupadas por la calidad de sus decisiones, pertenecientes tanto al mundo especializado de la economía como al de otros diversos ámbitos -el de la psicología, por ejemplo-. Pues comprobemos hasta qué punto se ha hecho realidad este objetivo, aplicando los criterios de la buena ciencia rigor de lo afirmado al servicio de la ciudadanía-.

Punto de partida: la incertidumbre radical está en todas partes (mundo real humano: la no estacionariedad; incógnitas genuinamente desconocidas –cisnes negros-; más misterios que enigmas). ¿Cómo afrontarla? Esta es la cuestión. El enfoque de la elección racional (teoría de la decisión), predominante durante más de medio siglo, ya no se sostiene, pues no es posible disponer de la información necesaria para su pretendido funcionamiento. Hemos, pues, de intentar encontrar otras perspectivas -marcos conceptuales- que nos posibiliten entender mejor el cómo las personas gestionamos y nos adaptamos a un mundo radicalmente incierto.

El giro probabilístico del razonamiento humano -en tanto una de las alternativas presentes más potentes- no resulta válido para alcanzar el objetivo propuesto, dado que no todos los misterios -los de la incertidumbre radical- son convertibles en enigmas -con soluciones calculables-.

La narración y el razonamiento contextual desempeñarán un papel fundamental en la gestión de la incertidumbre -conveniencia pues de poner de manifiesto los diferentes grados de incertidumbre mediante algún tipo de visualización (gráficos, figuras)-. Es importante estar atentos a las pruebas reales con las que vamos contando -sus pros y contras-, tomando al final una decisión meditada, siendo conscientes de que vivimos justamente en un contexto de incertidumbre radical, por lo que, en general, la narrativa condiciona/ayuda más que la probabilidad -¿qué significa la racionalidad (teoría de la utilidad esperada, por ejemplo) en un mundo radicalmente incierto y en constante cambio (conocimiento imperfecto)?-.

La mayoría de los problemas de nuestras vidas cotidianas no suelen estar bien definidos, dado que pertenecen a un mundo no estacionario, por lo que no tienen soluciones analíticas únicas -la racionalidad ecológica/evolutiva suele funcionar mejor (razonamiento narrativo: somos narradores naturales) que la racionalidad optimizadora/axiomática (aunque los límites del razonamiento estadístico no siempre implican que, en algunos casos, estos métodos resulten muy potentes –mundos pequeños artificiales-)-.

Para evitar malentendidos innecesarios: al igual que nos beneficiamos de las versiones de erizos (especialistas) y zorros (polímatas), sobre todo si tenemos en cuenta los diversos contextos, también nos podemos enriquecer mediante la colaboración de razonamientos estadísticos (problemas bien definidos) y narrativos (problemas mal definidos), si consideramos conjuntamente tanto sus diferencias como su complementariedad. Así se puede gestionar mejor la incertidumbre radical (y la suerte), que es a donde se quiere llegar.

Necesitamos distintas racionalidades conjuntadas (evolutiva, comunicativa -pensamiento de grupo-…), relatos de referencia sólidos, diversificación, escenarios… que implican, en ocasiones, cuestionar las narrativas predominantes. Conviene, en consecuencia, tener presente, como denominador común, que la incertidumbre radical y la no estacionariedad van de la mano.

Ahora ya podemos vislumbrar que, en nuestras decisiones de la vida cotidiana, adaptarse a la incertidumbre radical -frente a la optimización- e incluso abrazarla la incertidumbre puede ser la fuente de lo que merece la pena), nos supondrá cosechar buenos resultados (útiles, evolutivamente hablando). El razonamiento narrativo -narrativas compartidas, proceso colaborativo- es uno de los mecanismos más poderosos de los que disponemos para gestionar nuestro conocimiento imperfecto -beneficiarse de la incertidumbre radical y del futuro desconocido (antifragilidad, robustez, resiliencia, narrativa de referencia segura -evitar el riesgo-). Al final, hay que indicar, que se hubiese agradecido el pertinente apartado de referencias (autores y obras citadas en el texto).

Por el hecho de que se da un buen repasovisión crítica– de los principales enfoques de la economía (planteamiento bayesiano, de la economía conductual…) ya merecería la pena leer el libro. Si, además, se nos ofrece información fundada sobre la incertidumbre radical -que es el contexto en el que nos movemos en nuestra toma de decisiones– resulta claro que, muy probablemente, no nos vamos a arrepentir de su lectura. Eso espero, pues nos será de gran ayuda para nuestro posible acierto en las decisiones, lo que en modo alguno es poca cosa. Suerte, entonces.