Historia para el mañana
Juan Fernández Sánchez
junio 1, 2026
Krznaric, R. (2024/25). Historia para el mañana. Mirar al pasado para caminar hacia el futuro. Móstoles (Madrid): Capitán Swing.

Como buen filósofo actual cree en el poder de las ideas para cambiar la sociedad. Sus obras se han traducido a una veintena de idiomas. Es, pues, bien conocido a escala internacional. Veamos qué nos tiene que decir en este volumen, siempre dentro del marco por nosotros elegido: el de la buena ciencia.
Primera cuestión de suma relevancia: ¿La historia contada desde arriba o desde abajo? No está mal para comenzar. Dado que es predominante la primera, ¿por qué no tener en cuenta ya la enseñanza derivada de la segunda? Un acierto en su haber. A esto han de añadirse las posibles ventajas derivadas: servir de brújula en esta era de permacrisis (Renacimiento relacional). Vamos así directamente hacia los diez grandes retos –existenciales– de nuestros días. Todos ellos exigen tanto la reflexión -fundamentada- como la acción -eficiente-.
Combustibles fósiles (emergencia climática). La lentitud -gradualismo: ritmo pausado- no parece la solución a un mundo que se quema a un ritmo vertiginoso. La historia desde abajo -la abolición de la esclavitud, los derechos civiles, la emancipación de las mujeres…- así lo atestiguaría, a la hora de enfrentar el asunto de la abolición de las emisiones de carbono. Lo malo debería terminar (por el bien del planeta y de la humanidad) cuanto antes mejor, ¿no? -desplazamiento de la ventana de Overton: activismo climático-.
Tolerancia (convivialidad: convivir con la diferencia en comunidades multiculturales -pasado: Al Ándalus en España; presente: Ghana, Singapur) frente a la intolerancia y la violencia, tan presentes por doquier en nuestros días.
Consumismo. Es un invento histórico (compro, luego existo: cultura del consumo), no algo inevitable. Los deseos ilimitados de este tipo de cultura son incompatibles con la vida en un planeta con recursos limitados. De ahí la necesidad de diseños de economías regenerativas –economía ecológica/circular, testamento de simplicidad-, de una cultura de sostenibilidad profunda (Edo 2.0, take the jump).
Redes sociales. También aquí podemos encontrar precedentes históricos: el Imperio Romano (poco conocido este aspecto), la imprenta (Lutero se hizo viral, efectos polarizadores, guerras de religión, caza de brujas, noticias falsas…). Hemos pasado de la mente tipográfica a la digital -del Homo typographicus al Homo interneticus-. Creamos un tipo de herramientas -las digitales- que, a su vez, nos crean -modelan- a nosotros (condicionamiento circular).
Guerras del agua. Un imperativo -actual y para el futuro- es tener agua para todos, sobre el pilar del procomún, frente a un acuicidio. Necesitamos, como agua de mayo, una cultura de veneración por el agua -tesoro común que puede gestionarse democráticamente para bien de todos (hidrodemocracia)-
Democracias. Que el modelo occidental de democracia representativa está en crisis parece claro para las personas medianamente bien informadas -es frágil y está fallando-. Si a esto añadimos que más de la mitad de la población mundial sufre regímenes dictatoriales, parece llegado el momento de reavivar la confianza en la democracia, contando -como potenciales fuentes de inspiración- con ejemplos históricos bien documentados (democracia participativa/comunitaria: Estado Libre Rético… oleada deliberativa).
Revolución genética (selección diseñada por los humanos -supermercados y superpoderes genéticos: libertad de elección-, los gen/ricos y los gen/pobres, individuos genéticamente enriquecidos frente a masas no modificadas). Toca reflexionar muy seriamente sobre las implicaciones -positivas y negativas- de esta importante revolución actual (marco deseable: el bien común nuestro y el de las generaciones futuras –el procomún genético-).
Desigualdadades -de riqueza-. Los países más igualitarios obtienen mejores resultados en múltiples índices (salud física y mental, longevidad, rendimiento escolar, estabilidad…). La cultura del activismo político –ciudadanía activa-, centrada más en la predistribución que en la redistribución (modelo de Kerala, nórdico –Fintopía-…) es, sin duda, una de las vías posibles hacia las igualdades (no solo de riqueza).
Supertecnologías –IA– bajo control (propiedad distribuida/responsable, mutualidad intergeneracional… cooperativismo), a fin de no caer en un mundo de falsedad casi total -desintegración de la verdad y la confianza-, es decir, en un riesgo existencial para la humanidad (colonización algorítmica, personas racializadas, plusvalía conductual…).
Evitar el derrumbe de la civilización (la Gran simplificación) mediante la cooperación a gran escala, la protección ecológica –biofilia– y la capacidad de respuesta a las crisis –la Tríada de la Disrupción: crisis, movimientos y nuevas ideas-. Necesitamos una esperanza radical –otros futuros son posibles– frente a una esperanza opiácea (sin acción).
En síntesis, estamos ante una obra ilustrada para la que se nos han seleccionado -con fundamento- momentos históricos que pueden servirnos de guías eficaces para un presente y futuro mejor. Ya no vale la excusa de que no nos avisaron. Tú decides.