La elegancia del vacío
Juan Fernández Sánchez
junio 30, 2026
Tonelli, G. (2025/26). La elegancia del vacío. De qué está hecho el universo. Barcelona: Ariel.

Ya conocemos parte de la obra de este físico, con merecido reconocimiento a escala internacional (uno de los responsables del descubrimiento del bosón de Higgs). ¿Elegancia del vacío? ¿No parecería, a primera vista -para nuestro sentido común-, una contradicción irreparable? Pues no: el vacío –cuántico– no es la ausencia de todo (la nada, prejuicio milenario, ex nihilo nihil, horror vacui), cuanto un estado de la materia con propiedades singulares, capaces de dar respuesta a la existencia del propio universo y, por ende, a la nuestra. En cierto modo, es lo opuesto a la nada. Contiene materia organizada en forma de pares de partículas y antipartículas -el regalo de nuestro universo material-. ¿Quién se atrevería entonces a perderse esta apasionante lectura, plagada de sabiduría? Nosotros, como salta a la vista, ciertamente no. Comencemos, pues, este ilustrado viaje.
Aunque el correspondiente análisis histórico de la concepción del vacío -contrapuesta la proveniente de oriente frente a la de occidente- pueda ser de interés académico para filósofos o historiadores, apenas es comparable con la obtenida gracias a los avances/hallazgos de la física contemporánea. Esta es la que nos va a interesar aquí y ahora.
El todo y la nada coinciden -aspectos complementarios de la misma sustancia material-. El mundo material no deja de ser más que vacío, que contiene incluso seres capaces de reflexionar sobre sí mismos y sobre el propio mundo dentro del que se ubican -es lo que nos dice (de forma bien fundamentada) la ciencia del vacío (física del vacío)-.
Desde esta nueva ciencia se constata que la humanidad ha logrado lo que durante siglos se ha venido considerando imposible para los dioses (Dios): la creación del vacío, dar vida a la nada. Ya desde los primeros experimentos científicos se pone de manifiesto que incluso el vacío, liberado del aire, continuaba lleno de materia (todo es nada, una sólida nada; la nada es el Principio de todas las cosas).
Si seguimos avanzando, nos encontramos ya con las aportaciones de Einstein: el éter deja de tener sentido y el espacio-tiempo queda fusionado, surgiendo entonces una gran pregunta. ¿Qué relación existe entre este espacio-tiempo (plástico y deformable) con el vacío (el del espacio sideral –vacío cósmico-, el del átomo y el nuestro, al estar formados por átomos)?
En nuestros días, el vacío se ha convertido en el protagonista silencioso de las tecnologías más avanzadas (industria del vacío: los semiconductores). Así pues, el vacío más extremo logrado hasta ahora todavía continúa lleno de átomos. Parece entonces que merece la pena explorar los inmensos reinos de la nada -los vacíos y los supervacíos, que son componentes esenciales de nuestro universo-. Avancemos más aún en los nuevos experimentos centrados en mapear el lado oscuro del universo. De momento, un significativo detalle: algunos de los objetos astronómicos más vacíos del universo (agujeros negros) son los más llenos -contienen inmensas cantidades de materia y energía-.
Así, podemos irnos acercando ya al gran final: la energía de la nada. El vacío cuántico y el futuro de la física. Nos concentramos en el vacío electrodébil, que no está -ya nos lo podíamos imaginar- vacío, pues son justamente las interacciones distintas con este vacío las que proporcionan la masa a las partículas fundamentales. La estructura material del universo reside, en consecuencia, en este tipo de propiedad del vacío e igualmente ocurre con nuestra existencia. El vacío electrodébil se formó 10-11 segundos después del Big Band, cambiando nuestro destino y el del universo para siempre -ruptura espontanea de la simetría electrodébil-. El vacío es, pues, un estado particular de la materia; es todo menos vacío –vacío cuántico: yacimiento infinito-. Todo está hecho de vacío. El algo y la nada coinciden esencialmente; son aspectos diferentes del mismo estado de vacío. Uno de los grandes retos del futuro: seguir investigando sobre el vacío -las propiedades del vacío, sus más ocultos secretos-. Esta investigación condicionará sin duda nuestro futuro.
Concluimos: por lo ya indicado, podemos afirmar que estamos ante un buen ejemplar -libro de divulgación- que nos invita a ser exploradores de lo imaginario, uniendo -como hace su autor-, de forma fructífera, el arte y la buena ciencia. Ahí es nada -la importancia/elegancia del vacío: los derrumbes de los prejuicios milenarios-. No pongas, pues, excusas a la lectura de esta obra. Te alegrarás, en tanto Homo sapiens -persona apasionada por la buena ciencia, por un siempre aprendiendo-.