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ACIPE Asociación Científica de Psicología y Educación
Reseñas

Sobre el capital natural

Juan Fernández Sánchez

junio 24, 2026

Dasgupta, P. (2025). Sobre el capital natural. El valor del mundo que habitamos. Barcelona: Antoni Bosh.

Portada del libro

Este autor, galardonado con importantes premios -entre otros el de Fronteras del Conocimiento-, nos propondrá aquí un enfoque económico transformador, al tener en cuenta la incidencia de nuestras acciones en la naturaleza (biosfera), por lo que se la debiera incorporar a la hora de llevar a cabo cálculos sobre la riqueza. Así, no solo se frenaría su deterioro, sino que aumentaría nuestro patrimonio natural. La música, a priori, suena bien, pero, ¿qué hay de sus fundamentos -científicos: los de la buena ciencia-? Procedamos en consecuencia.

El marco conceptual adoptado: cómo interpretar mejor -científicamente hablando- nuestro lugar en el mundo, siendo ya conscientes de que la demanda actual de bienes y servicios de la naturaleza supera su capacidad de suministrarlos de forma sostenible. Buena parte de los enfoques hoy predominantes, por desgracia para nosotros y para la biosfera, no están teniendo en cuenta precisamente este marco. Veamos entonces cuáles son las aportaciones.

La naturaleza es nuestro bien más preciado (la vida de los manglares, los ritmos de la naturaleza, los ecosistemas anidados, los bienes -de aprovisionamiento, culturales- y los servicios -de mantenimiento y regulación-), siendo un medio y un fin en nuestras vidas. Al estar inmersos en ella (el gran ecosistema), dependemos totalmente de la misma para nuestra supervivencia y también para nuestro bienestar.

Si esto es verdad, y parece serlo, en estos momentos nos encontramos un poco perdidos, pues los que dicen estar muy bien informados -supuestos expertos/especialistas: mucha información, pero escaso conocimiento, al menos en buena parte de los casos- nos tratan de adoctrinar desde otra realidad paralela (hechos alternativos). Mal asunto, pues estamos creando círculos viciosos -si explotamos a nuestra fuente de vida/bienestar, esta fenecerá y, con ella, también nosotros-. Si se reduce la biodiversidad, la productividad de los ecosistemas se resiente. Si nos desarrollamos ajenos a la naturaleza conseguiremos, en el mejor de los casos, una vida mermada.

Al centrarnos ahora en nosotros mismos, constatamos que nuestras actividades producen una huella ecológica/impacto ecológico a lo largo de toda la historia de la humanidad -las transformaciones ecológicas no son algo exclusivamente del presente, aunque sí lo es la velocidad y la magnitud-. Para lo que aquí nos interesa resaltar: los daños infringidos por los humanos a la naturaleza debieran ser considerados como costes de producción, aunque de hecho podemos afirmar que esta consideración más bien haya brillado por su ausencia hasta bastante recientemente -el desarrollo sostenible, para que realmente lo sea, ha de implicar la eliminación de nuestra extralimitación ecológica: la tragedia de los bienes comunales… la desigualdad de impacto (brecha entre la demanda de bienes de aprovisionamiento y regeneración de la biosfera)-.

Desde mediados del siglo pasado (1950) se viene constatando, por diversas fuentes, una sobreexplotación de la biosfera, como lo atestiguan los grandes depósitos de metales, pesticidas, hormigón, nitrógeno, plásticos… así como concentraciones de carbono y metano en el suelo, en el lecho marino y en el agua (coste social del carbono…). El futuro inmediato se nos presenta, desde distintas perspectivas, no muy halagüeño (Tierra gravemente mermada: la fragmentación de los hábitats naturales es clara señal de pérdida de la biodiversidad; el capital natural está manifiestamente infravalorado).

Pese a ello, hay luces que iluminan otro tipo de futuro: el paso del nivel de vida (un PIB per cápita que es insensible al capital natural) a la calidad de vida y del planeta  -nueva medida de la riqueza en la que se incluye el capital natural: mejora en las libertades civiles y políticas, disminución de los niveles de corrupción y de las desigualdades de la renta, sanciones por oportunismo, incentivos por el respeto a la biosfera, recuperación del capital natural (junto al capital producido y al capital humano), el bienestar de las diversas generaciones… la riqueza inclusiva, la reducción de la actual desigualdad de impacto, la restauración de la naturaleza-.

Libro bien escrito y documentado –alianza mutualista de la economía y la ecología-. Se muestra rigor -buena ciencia- en los planteamientos que afectan de lleno a nuestra vida y a la de la propia naturaleza, formando de este modo o bien círculos viciosos (a la luz de lo visto: demasiados) o, por el contrario, virtuosos (pagos por servicios ecosistémicos, una cooperación que engendra más cooperación…). Tú dirás lo que prefieres para ti, para los demás, para las siguientes generaciones y para la biosfera presente y futura. Pienso que estamos ante una de las buenas obrasmuy útil– para estos momentos.