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ACIPE Asociación Científica de Psicología y Educación
Reseñas

Abundancia

Juan Fernández Sánchez

agosto 3, 2026

Klein, E. y Thompson, D. (2025). Abundancia. Cómo construimos un mundo mejor. Móstoles (Madrid): Capitán Swing.

Vamos directamente a la tesis defendida por los autores en este volumen: si queremos crear un futuro -que deseamos-, hemos de construir/inventar lo que necesitamos. Pues ya nos dirán, sobre todo si el marco conceptual de análisis es el de la buena ciencia.

Si nos atenemos a los conocimientos hoy predominantes, se puede afirmar que el punto central en torno al cual gira una economía es el del equilibrio/desequilibrio entre la oferta y la demanda. El exceso de demanda frente a una oferta escasa conlleva escasez, aumentos de precios, racionamiento y la situación inversa (exceso de oferta con demanda escasa) genera superabundancia, despidos y depresiones.

Las derechas e izquierdas –estadounidenses– no han ofrecido soluciones satisfactorias a los desequilibrios económicos hasta ahora, al carecer de una visión articulada del futuro, diferenciado del pasado y del presente. Ese futuro se define mediante una palabra: abundancia (vivienda, energía, sanidad…).

Comencemos con la paradoja de la metrópolis: la distancia en el trasporte y la venta parece ya relativamente superada, gracias a los avances científicos. La innovación se produce en la cercanía -en las ciudades-. Ahora bien, en ellas tienen lugar también otros importantes acontecimientos no muy alentadores precisamente: el sinhogarismo, las desigualdades, entre otros.

Sigamos con el cambio climático: el desarrollo de una economía limpia del futuro ha de pasar necesariamente por una economía limpia actual. ¿Es posible? Sí lo parece, siempre que nos lo propongamos: es, de hecho, viable, aunque se necesitará un gran esfuerzo de persuasión, la superación de desafíos industriales y políticos, cambios legislativos o las oportunas subvenciones. Lo importante no es tanto lo que se gasta cuanto lo que se construye.

Construir está estrechamente relacionado con gobernar -la capacidad estatal: la que tiene el Estado para alcanzar sus objetivos; Estado emprendedor-. En el caso de la vivienda, un objetivo bien pudiera ser el construir casas asequibles en poco tiempo. Ahora bien, un exceso de reglamentación burocrática -rigideces- hará inviable en ocasiones ese objetivo social (obsesionados más por el procedimiento que por los resultados: más papeleo, menos investigación).

¿Y qué pasa con la invención -el camino/vía que nos saca de la ignorancia-? Si constatamos que el mundo ha cambiado -y mucho- es porque lo hemos cambiado nosotros -al menos, en buena medida, mediante la tecnología-. Hemos de tomarnos en serio, por tanto, la innovación. Ahora bien, en la actualidad, ¿se está volviendo más difícil encontrar ideas? La respuesta no es del todo clara -¿desaceleración de la ciencia?, ¿demasiados artículos inútiles?, ¿aversión al riesgo?, ¿prejuicios contra la novedad?-. De ahí que tal vez haya llegado la hora de que la innovación forme parte esencial de la labor del Estado/Gobiernometalaboratorio para el estudio de la propia ciencia-.

La invención ha de ser aplicada. De hecho, el progreso nace más de la aplicación que de la invención. No es pues del todo cierta la teoría eureka de la historia. Las nuevas ideas se están volviendo más difíciles de utilizar y esto es un gran problema -retocar, plasmar y realizar a gran escala para la obtención de un producto relevante-. He ahí el futuro de la abundancia (compartida), de un mundo mejor (detección de cuellos de botella: eliminar restricciones que no deberían mantenerse, crear programas inexistentes pero necesarios -compromiso anticipado de mercado…-) frente a una política de la escasez (de viviendas de energía limpia…). La atalaya (lente: liberalismo que construye) desde la que los autores pretenden convencernos de su tesis -en esto son ciertamente sinceros desde un principio- está a caballo entre las derechas (alérgicas a la intervención pública) y las izquierdas (demasiado miedo al crecimiento), en sus concepciones estadounidenses. A partir de aquí, que cada cual -persona lectora- haga sus valoraciones. La amplitud de miras nos permite, en general, tomar decisiones mejor fundamentadas. Por eso, esta lectura resulta recomendable, incluso para quien no comparta del todo su planteamiento/posición inicial.