ACIPE
ACIPE Asociación Científica de Psicología y Educación
Reseñas

Progreso

Juan Fernández Sánchez

agosto 14, 2026

Miller-McDonald, S. (2025/26). Progreso. Historia de la peor idea de la humanidad. Barcelona: Crítica.

Portada del libro Progreso

Si lo que se afirma en el título fuera cierto, habríamos de cambiar necesariamente nuestro marco conceptual predominante (cosmovisión), mantenido hasta estos momentos. Luego, por la cuenta que nos trae, procedamos con lo que se nos presenta/argumenta en este volumen.

Las narraciones que hablan del progreso muestran un patrón -o fórmula narrativa- bien establecido hoy en día, a escala internacional: avances siempre en ascendente (crecimiento económico y progreso perpetuo; desde un pasado peor a un presente mejor; culturas prehistóricas, salvajes o bárbaras frente a la cultura/civilización; narrativa de nativos salvajes y colonos ilustrados/civilizados; racialización/etnización (los otros y los blancos -los buenos-); pagano y cristiano -mejor-… división binaria, progreso permanente e irreversible, progresión lineal a lo largo del tiempo -¿ley del progreso?-).

Seleccionemos ya tres ejemplos prototípicos -¿contraejemplos?-. El coeficiente Gini trata de valorar la desigualdad (0=igualdad plena; 1=situación opuesta -máxima desigualdad-). Si comparásemos a la antigua Roma con los Estados Unidos actuales obtendríamos un .43 -aproximado- en ambos casos. ¿Dónde se halla el progreso? Pasemos a la esclavitud. Pese a las prohibiciones legales, todavía persiste: en nuestros días viven en la esclavitud unos 40 millones de personas. La disparidad económica racial -en Estados Unidos- no ha disminuido a lo largo del último medio siglo. La conclusión parece clara: los relatos grandiosos de progreso se suelen venir abajo cuando son analizamos más pormenorizadamente.

Con ello en mente, comencemos un análisis histórico de las diferentes implicaciones del supuesto progreso, dividido en básicamente tres etapas: la del antes del progreso, la del durante el progreso y la del después del progreso. En la primera –antes del progreso– nos encontramos con datos que nos indican que, contrariamente a lo que todavía se mantiene, los colonos euroamericanos eran sobre todo soldados y mercaderes pobres y desaliñados con respecto a unos nativos asentados y prósperos. Frente a esta dura realidad se ha ido construyendo un relato mítico de la superioridad euroamericana ante el nativo salvaje, que intenta justificar el patrón de destrucción de las personas y sus hábitats (azar, guerra biológica -viruela-…), crueldad muy estudiada -traición, violaciones, saqueos…-, destino manifiesto (domesticar espacios ecológicos salvajes y someter a los pueblos nativos: expansionismo), ideología expansionista más que integradora…-. La biodiversidad, por un lado, y el supuesto progreso, por otro, no parece que hayan estado compartiendo la coevolución, cuanto que uno se ha ido cargando a la otra.

Ya en la segunda etapa –durante el progreso-: la gran ruptura con el pasado se produce hace unos cinco mil años con el ascenso de la mano de obra centralizada al servicio del mercado. Aparecen las sociedades parasitarias/extractivas/expansivas en su interacción con el sistema ecológico en el que se desenvuelven, invalidando o manipulando las instituciones prosociales inherentes a la especie (se festeja la destrucción de la naturaleza salvaje para construir ciudades; se introduce la propiedad privada en los mercados y en el comercio; se robustece el linaje/imperio parasitario; se avanza en la domesticación, el orden y la prosperidad…). Un ejemplo muy típico: la suma de cristianismo e imperio se constituye en una patente garantía de progreso. Toda fe fundada en el progreso, teológica o laica, comparte la misma función –economía parasitaria de la ecología humana; los mismos principios de extracción y expansión-. Lo vemos incluso en la Ilustración, legitimadora, al menos en parte, de un colonialismo parasitario europeo.

En la tercera etapa –después del progreso (nunca anteriormente han dependido tantas vidas -humanas o no- de nuestras decisiones)- nos enfrentamos a dos grandes cuestiones: qué debemos hacer y cómo hacerlo, tanto desde el punto de vista individual como social, dentro del continuo mutualismo-comensalismo-parasitismo. ¿Te vas a perder lo que se nos propone? El análisis del progreso (crecimiento) ha de ir estrechamente unido al del parasitismohumano/ecológico, en red-, al de la extracción y al de la expansión -en perjuicio de poblaciones humanas y no humanas: colonialismo, imperialismo-. Ello implica un cambio de marco conceptual con las consecuentes acciones conjuntas de tipo personal y social/comunitario. Si te gusta reflexionar seriamente, para después ser consecuente, este es tu libro. Ya lo intuías, ¿verdad? Muy bien escrito y documentado. Te complacerá, además, ver reflejados -y asimilados- planteamientos/conocimientos de varios autores/libros ya recensionados. La aparición de círculos virtuosos -¿refugio de cordura frente a un mundo cada vez más loco?- salta, por tanto, a la vista.