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ACIPE Asociación Científica de Psicología y Educación
Reseñas

Cuando todos saben que todos lo saben…

Juan Fernández Sánchez

septiembre 1, 2026

Pinker, S. (2025/26). Cuando todos saben que todos lo sabenEl conocimiento común y la ciencia de la armonía, la hipocresía y la indignación. Barcelona: Paidós.

El autor es un psicólogo que no necesita presentación, dado el reconocimiento internacional que atesora. Nosotros contamos ya con un par de recensiones de dos de sus libros (Ilustración y Racionalidad). Ahora es el momento de centrarse en el conocimiento común y sus implicaciones -explicativas- para las organizaciones sociales: piedra angular en la comprensión del mundo social -vida social humana- (armonías, discordias…)-. Demos, sin más, comienzo.

Prescriptivo empezar por un acercamiento definicional del conocimiento común: conocimiento abierto, público, interactivo; conciencia compartida, colectiva; terreno común; una visión o sonido conspicuo (está ahí). Por engañoso que pueda parecer a primera vista, ya ha arraigado en el ámbito científico multidisciplinar (lógica, economía, política, filosofía…). Será el utilizado en este volumen (creencia común con una alta confianza, dentro del marco de la vida real). En esencia: el conocimiento común consiste en que todos sepan que todos saben que todos saben algo –ad infinitum– (muñecas rusas de frases encajadas).

Valga como ejemplo ilustrativo el cómo las redes sociales pueden activar pánicos morales generando rápidamente conocimiento común de un transgresor de normas entre multitud de personas juiciosas. Como sucede con las normas que posibilitan la coordinación, una relación social es ratificada por el conocimiento común. Este es el garante de las coordinaciones sociales. Si esto se confirma -apoyado empíricamente-, entonces el conocimiento común resulta algo humanamente muy importante (prerrequisito de la vida social). Desde esta perspectiva, hablando metafóricamente, una discusión racional debería asemejarse más a una danza -zigzagueos- que a una guerra -vencedor y vencido-.

En este contexto, se ha de resaltar la importancia del lenguaje, dado que genera, a bajo coste, el conocimiento común, que posibilita -tal cual se había hipotetizado- la coordinación social relevancia común o puntos focales (convención): expectativas autocumplidas-. La convención se convierte así fácilmente en conocimiento común. El reconocimiento diplomático, que es una convención, se constituye de este modo en cocimiento común. ¿Cuáles son, además del lenguaje, otros procesos cognitivos implicados en el conocimiento común?

La mentalización recursiva (guiones o esquemas mentales) -un conjunto de cadenas de pensamiento, pensamientos dentro de pensamientos (estratificación de pensamientos)- es requerida para las comunicaciones entre nosotros -para la coordinación-. Un complemento útil para este fin -el de la coordinación- se produce al advertir un suceso evidente, pues este suceso público sirve de apoyo a los pensamientos incrustados. La mentalización recursiva y los eventos públicos son, pues, pilares de la creencia común en un hecho objetivo.  A esto ha de añadirse el conocimiento mutuo, que incide en la coordinación, que a su vez repercute en nuestras relaciones sociales. Estas son, por tanto, juegos de coordinación, resueltos mediante la relevancia y el conocimiento común, que pueden dar lugar a equilibrios fructíferos -el ideal de la convivencia: equilibrios mutuamente beneficiosos-.

Un paso más lo damos cuando a lo cognitivo añadimos las expresiones emocionales (risa -pública, contagiosa… in risu veritas-, llanto/lágrimas, rubor -bochorno, vergüenza-…), manifiestamente relacionadas con el conocimiento común -lo generan-, que es imprescindible para regular los equilibrios de coordinación, subyacentes a nuestras relaciones sociales. El conocimiento común ratifica o invalida las relaciones sociales.

Dentro también de este marco, a) ¿qué ocurre con las diversas formas del discurso indirecto (cortesía, eufemismos…)?: que pueden ayudarnos en el desarrollo de nuestra vida social, aunque sería conveniente tener en cuenta, igualmente, su lado oscuro (atrocidades…); y b) ¿con la cancelacióndesplataformización-?: el temor de que una nueva idea pueda convertirse en conocimiento común. No se puede prescindir de las nuevas ideas, si queremos seguir progresando. Ahora bien, tal vez no sea bueno sin más sugerir que hay que convertir todo conocimiento privado en conocimiento público. Es la condición humana.

A primera vista, parece que estemos ante un tema/asunto menor. Tras la lectura de este volumen tal vez nos demos cuenta de que no es así, pues de un condicionante relevante de nuestras relaciones sociales -el conocimiento común– estamos hablando. Nos va, pues, mucho en ello. Ni más ni menos que el poder contar con un conocimiento científico de las razones explicativas de nuestro comportamiento cognitivo y vital/relacional.