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ACIPE Asociación Científica de Psicología y Educación
Reseñas

Hacer el bien

Juan Fernández Sánchez

abril 13, 2026

Gabriel, M. (2025). Hacer el bien. Cómo el capitalismo ético puede crear un nuevo contrato social. Barcelona: Pasado & Presente.

Ya hemos recensionado otra obra de este autor, bien conocido internacionalmente. Veamos qué dan de sí las reflexiones filosóficas -su utilidad, académica y práctica, para nosotros: la ayuda mutua-. De esta forma, hacemos realidad uno de nuestros permanentes objetivos: develar la realidad desde muy diversas perspectivas complementarias-, si asumimos nuestra consustancial complejidad mental y el deseo permanente de aprender cerebral,  a lo largo de nuestra existencia.

El contexto -relativamente afortunado- en el que nos vamos a mover: existir en democracias (liberales) –el mejor modo de autogobierno sociopolítico realísticamente disponible, aunque en modo alguno ideal-. Ante una época de crisis sin precedentes, como la nuestra, en la que las promesas de paz y felicidad -calidad de vida, mejora humana-, debido al progreso científico/técnico y económico, no se han visto ciertamente cumplidas, en este volumen se nos va a proponer una Nueva Ilustración innovaciones radicales (no revoluciones), vertebradas por la visión de hacer el bien (perspectiva realista y utópica al mismo tiempo: dialéctica ilustrada)-. El negocio de los negocios sería, desde este específico planteamiento filosófico, hacer el bien, beneficiándonos -la ciudadanía- por ello. ¿Sería, científicamente, viable? Veámoslo.

Comencemos con una primera idea novedosa (innovación radical): la del capitalismo ético -que el bien guíe las actividades económicas: una exigencia ética de carácter universal, gracias a valores objetivamente existentes-.  En este marco, han de estar unidas la deontología y el consecuencialismo, gracias al pertinente diálogo. Se puede y debe combinar la ética y el capitalismo, la autorregulación y la regulación política -del Estado-. Así sería posible obtener unos beneficios verdaderos al realizar lo que es moralmente bueno.

El capitalismo no adjetivado -el actual: libertad privada de los medios de producción (acumulación de capital), libertad contractual y de mercado- no casa del todo, por tanto, con el aquí propuesto, aunque sigue siendo considerado como marco conceptual positivo -defendible, pues, frente a mercados planificados o de laissez-faire-.

El paso siguiente lo constituye el marco general en el que ha de desarrollarse este capitalismo ético: el del liberalismo ecosocial. La economía no es idéntica a la sociedad. Esta es mucho más abarcadora, con áreas que no están bajo el dominio de la economía humana. No se puede caer en la falacia de pars pro toto -considerar una parte (la economía) como si fuera el todo (la sociedad)-.

En el momento actual nos hallamos frente a un conjunto de crisis anidadas (proliferación de guerras, cambio climático antropogénico, surgimiento de alternativas autoritarias -iliberales-, entre otras). La gran cuestión: el capitalismo ético, dentro del liberalismo ecosocial -una Nueva Ilustración-, ¿podría abrirnos vías de solución -paliar o incluso acabar- con al menos algunas de ellas? Ese es el propósito materializado en este volumen. Con los argumentos esgrimidos parece que se estimula la esperanza. Sigamos entonces.

El capitalismo ético -obtención de beneficios verdaderos gracias a la realización de lo moralmente bueno-, cimentado en la libertad social, no se identifica con el capitalismo neoliberal (predominante) -concepción libertaria-, pues los mercados libres no son fines en sí mismos -existen limitaciones para la mercantilización (regulaciones que  son distintas de  la sobrerregulación o la planificación política centralizada)-, derivadas en buena medida de la propia libertad social -somos agentes morales-, que va más allá de la libertad individual. Somos mamíferos prosociales, que no podemos sobrevivir sin ayuda mutua, dentro de sistemas ecológicos de cooperación a gran escala. De esta forma se fundamenta la producción de la plusvalía en el progreso moralfelicidad, emancipación-.

Algunos ejemplos concretos, en el marco de experimentos mentales que se sustentan en los conceptos relevantes aquí señalados (una Nueva Ilustración: capitalismo ético – plusvalía que depende de juicios de valor-, liberalismo ecosocial, libertad social, progreso moral), son: a) un departamento de ética en cada empresa, a semejanza de los departamentos I+D; b) el derecho al voto infantil -no a la discriminación en nombre del adultismo, dada la constatación infantil de que el emperador está desnudo-; c) la integración (consciente) de bacterias y virus como partes esenciales de nuestras vidas (pandemia metafísica: sabiduría); c) la consideración de la IA -inteligencia artificial- como inteligencia acelerada, como sociotecnología frente a las tecnofantasías irreales.

¿Merece la pena la lectura de este libro? Sí, pues incorpora novedades que a buen seguro nos enriquecerán al estimular una reflexión, relativamente bien fundada, sobre nosotros, nuestras sociedades y sobre el planeta tierra –azar y necesidad-, posibilitando el surgimiento de espirales virtuosas (ascendentes) de progreso -conjunto- moral y económico.