¿Qué opinas de las redes sociales?

¿Qué te parece si nos acercamos a algunos de sus constatados peligrosvisión científica– de la mano de quien bien los ha sufrido desde dentro? [Haugen, F. (2023). La verdad sobre Facebook. Por qué denuncié sus malas prácticas y por qué la red social más grande del mundo es peligrosa. Barcelona: Deusto.].

Portada del libro

Que la autora conoce perfectamente de lo que habla salta a la vista desde el primer momento. Pocas personas pueden contar con conocimientos -y vivencias- tan precisos y valiosos.  El núcleo de interés: los así denominados Papeles de Facebook (plataforma convertida en fuente de desinformación -selectiva- y polarización política, cuya prioridad máxima son los beneficios económicos). Es considerada como una persona enormemente influyente -por su solicitada asesoría en parlamentos e instituciones públicas-, a escala internacional (EE. UU., Unión Europea, Reino Unido…).

Comencemos, pues, con el análisis –científico– de sus aportaciones. La autora ha tratado de proporcionar la información que cree que el mundo necesitaba conocer, a fin de poner en funcionamiento intervenciones regulatorias -frente a la inmunidad de las empresas de internet (empresas algorítmicas) con respecto a los contenidos a disposición de los usuarios-, mediante las que paliar o acabar con los perjuicios para las vidas de las personas, causados desde Facebook -empresa opaca: secretismo-. Nos estamos refiriendo a los problemas de autoestima, ideación de suicidio, violencia étnica, trastornos alimentarios, extremismos, sesgos, adicción, autolesión, debilitación de la democracia, entre otros. No parece aconsejable mirar para otro lado.

Así, llegó un momento de su vida en la que se percató de que no era bueno dejarse seducir por el fatalismo. De ahí que tomase la difícil decisión de dar a conocer a la ciudadanía cómo los individuos estaban siendo manipulados en beneficio de intereses ocultos. Se trataba de anteponer el crecimiento económico de la empresa -crecer sin parar, fiebre del oro digital, negocio publicitario, mayores márgenes de beneficios…- a los objetivos/necesidades de los usuarios, sobre todo en el caso de las personas más jóvenes. Ante estas prácticas muy beneficiosas -considerables ganancias económicas- para las empresas tecnológicas, pero bastante perjudiciales para la gente, es necesaria una escrupulosa regulación que obligue a estas empresas a rendir cuentas y a ser transparentes (control de la desinformación en línea, plataformas de verificación, seguridad lingüística…).

Esto es justamente lo que han tratado de evitar por todos los medios posibles -la pertinente regulación- Facebook y las principales empresas tecnológicas, pues se descubrirían sus malas prácticas y sus efectos perniciosos (tabúes, ciberanzuelos…), tanto para buena parte de sus empleados –entornos tóxicos– como, sobre todo, para sus clientes/usuarios -vigilancia no solicitada, manipulación, problemas de salud mental y también física…-. El comportamiento organizacional dejaba un espacio mínimo para las críticas sobre el incumplimiento patente de su proclamado objetivo final, que no era otro que el de ser una vía divina de conectar el mundo.

Que todo lo aquí señalado sea el fruto reflexivo de quien tiene una buena formación en la materia de la que habla y, además, lo haya vivido desde dentro -en puestos significativos/relevantes- supone una garantía de acercamiento a la verdad -ventajas y desventajas, cara y cruz- de lo que ocurre en el ámbito que ahora nos ocupa -y que debiera preocuparnos-: el de las redes sociales. De ahí que sea aconsejable su lectura. El mensaje final: se puede -y se debe- ofrecer más seguridad en las redes sociales, a fin de poder disfrutar –aprendiendode sus diversos contenidos. Para eso, necesitamos transparencia y rendir cuentas -ser auténticos demócratas-.

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