El poder de la destrucción creativa

Aghion, P., Antonin, C. y Bunel, S. (2020/25 -2da. ed.-). El poder de la destrucción creativa. ¿Qué impulsa el crecimiento económico? Barcelona: Deusto.

Portada del libro el poder destrucción

El gozne en torno al cual gira este libro es la destrucción creativa -¿acompañarla u obstruirla?: esa es la cuestión-, escrito por autores franceses, uno de los cuales -dos varones y una mujer- ha recibido tanto el Premio Fronteras del Conocimiento como el Nobel de Economía (2025).

Si bien la destrucción creativa –innovación disruptiva, cambio estructural– es la fuerza directriz del capitalismo, no está exenta de riesgos y turbulencias. Pasemos de inmediato al análisis tanto de su cara más positiva como de la más negativa, a fin de que podamos utilizarla para nuestro máximo bienestar: el de la humanidad (propuesta revolucionaria y provocadora basada en la innovación, que se cimenta en la creatividad y en la destrucción bien regulada, facilitadora de un futuro justo y próspero). Veamos si podemos decir que estamos dentro del marco de la buena ciencia.

Lo primero será ir sometiendo a escrutinio teórico y empírico las principales etapas de crecimiento/prosperidad y declive/estancamiento económico de diferentes países -la verdadera ruptura en la historia del crecimiento se produce en 1820 (comienzos del siglo XIX)-, con el fin de ir facilitando las pertinentes decisiones –diseño de políticas de crecimiento-, bien fundamentadas, por parte de los distintos Estados (políticas anticrisis,  políticas de innovación en la frontera, política industrial, políticas macroeconómicas, como ejemplos) y también de la ciudadanía.

El objetivo común vertebrador: un crecimiento menos desigual y más inclusivo, asentado en un triángulo, bien proporcionado, del Estado, la sociedad civil y los mercados [ecoinnovación, innovación orientada, universidades -investigación básica y docencia-, sinergia entre a) el Estado –inversor, que estimule la economía del conocimiento y de la innovación; asegurador, que proteja a las personas de los posibles riesgos de la propia innovación y la destrucción creativa (subsidios, redes de seguridad social, estado de bienestar)…-, b) la sociedad civil movilizada -consumidores en favor del medio ambiente, democracia, independencia de los medios de comunicación y libre competencia…- y c) los mercados -economía innovadora…-].

Una vez que se puede contar con radiografías de la realidad, relativamente precisas, el siguiente paso es el de las explicaciones. Es aquí donde se han de examinar los modelos/enfoques: la trampa malthusiana (PIB per cápita y población), el enfoque tecnológico (tecnologías e instituciones -ciencia y tecnología, sistema de patentes…-) y, muy especialmente, el paradigma schumpeteriano y el propuesto -inspirado en el anterior- por los autores (destrucción creativa regulada: innovación acumulativa, instituciones protectoras y reguladoras, la fructífera competencia).

El estudio de las variables que realmente importan, a la hora de explicar el crecimiento o el declive económico, implica, primero, irse deshaciéndose de ideas preconcebidas -no debidamente bien fundamentadas-. Así, las olas tecnológicas (vapor, electricidad, TIC…) no suelen implicar una aceleración del crecimiento inmediato, como tampoco suponen una pérdida de puestos de trabajo a medio/largo plazo (efecto capitalización: a mayor tasa de innovación mayor crecimiento). Después se va constatando que la realidad económica/social, de hecho, es bastante más compleja de lo que solemos pensar, por lo que se ha de hacer frente a las aparentes paradojas (competencia/innovación, competencia/crecimiento de la productividad, competencia/propiedad intelectual, innovación/desigualdad/movilidad social/política fiscal… y, cómo no, a la propia expresión que sirve de hilo conductor: la destrucción creativa -contradicción esencial del capitalismo-).

En este marco de la complejidad se han de incluir algunos problemas que todavía hoy perduran: 1)los definicionales -de los conceptos más relevantes-; 2) los de las medidas a la hora de la obtención de los datos; 3) los interpretativos, en función de los distintos marcos conceptuales; 4) el salto de la correlación a la causación (el hecho de que la exportación y la innovacióndefensiva o expansiva– evolucionen conjuntamente no tiene por qué implicar que una es la causa de la otra), entre otros -todos ellos aparecen bien ejemplificados a lo largo del volumen-.

Queda, en consecuencia, mucho camino por recorrer, pero ya conocemos bastante bien tanto lo que no funciona adecuadamente como algunas propuestas teóricas y prácticas que apuntan en la dirección del objetivo común: un futuro más justo y próspero (destrucción creativa reguladaflexiseguridad, movicación: movilidad y educación…-).

Libro muy claro y bien documentado -científicamente hablando: buena ciencia-. El asunto tratado es de actualidad. Estimula, por un lado, la creatividad a la par que nos pone en guardia ante la destrucción que puede conllevar, por lo que esta ha de estar bien regulada. El futuro depende, en gran medida, de lo que hagamos en el presente. Vale la pena, pues, dedicar un tiempo a la lectura sosegada de esta obra de calidad.

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