fressoz bien

Sin transición

Fressoz, J-B. (2024/25). Sin transición. Una nueva historia de la energía. Barcelona: Arpa.

Este autor, galardonado con varios premios de prestigio internacional, asume que la perspectiva predominante (herramienta analítica) cuando se narra la historia de la energía es la de la transición (fenómenos históricos, razonamiento fásico/visión fasista, monomaterialismo -cada uno sustituye al otro-) entre diferentes sistemas energéticos prisma de la historiografía estándar-.

Frente a este planteamiento él defiende -su tesis- un enfoque simbiótico entre fuentes energéticas historia simbiótica de la energía: acumulación energética (frente a sustitución) y sus procesos simbióticos (interdependientes)-. Analicemos sus argumentos para ver hasta qué punto su aportación se encuadra dentro del marco de la buena ciencia. ¿Cómo lo ves? Procedamos, entonces, si te parece.

Una constatación básica frente a los sesgos de las transiciones energéticas. Cabe señalar que, tras dos siglos de supuestas transiciones, hoy quemamos más petróleo, gas, carbón y madera (dendroenergía) que nunca. Se han de tener en cuenta no solo, o principalmente, a los países productores, sino también -necesariamente- a los consumidores.

Desde esta perspectiva –global e interactiva– la realidad se muestra bastante distinta a la que se pretende que asumamos -la de las fases: resistencia o incluso adicción-: justo en la dirección de la constatación básica, sobre la cual se asienta la tesis defendida –el entrelazamiento simbiótico, la competencia y la expansión-. Si esto fuera así -buen apoyo empírico- no se debiera buscar una nueva transición energética, cuanto una enorme autoamputación energética el calentamiento global es una tragedia de la abundancia más que de la escasez-.  Contamos con suficiente carbón, petróleo y gas… sin que haya impedimentos naturales que nos impidan convertir toda esa energía en un horno infernal –catástrofe climática– en un futuro muy próximo. Depende, pues, de lo que hagamos nosotros.

Empezamos a intuir que la perspectiva adoptadauna historia no de fases o épocas, sino de acumulación, estratificación y simbiosis– puede tener considerables implicaciones existenciales, para nosotros y para nuestro planeta. Sigamos, pues, adelante con su hilo argumental.

La dinámica que ha regido la relación entre el carbón y la madera no ha sido la clásica de una transición, sino más bien una de tipo simbiótica -sin los puntales de madera hubiese sido difícil, por no decir imposible, la extracción subterránea del carbón, a escala internacional; en el siglo XX la mejora de la carbonización de la leña y del carbón avanzaron a la par-.

Algo semejante cabe afirmar de la relación entre el carbón y el petróleo, cambiando por supuesto lo que proceda cambiarse: su simbiosis en el siglo pasado permitió el crecimiento de todo lo demás. Desde la extracción hasta la combustión, el petróleo depende del acero, el cemento y, por ende, del carbón.  En síntesis, madera, carbón y petróleo muestran, más que una transición, una patente coordinación energética -una simbiosis con sus correspondientes bucles, con unos efectos rebote, con una naturaleza híbrida de sus desarrollos…-.

Si esto parece ser así -los datos así lo indican-, ¿por qué todavía perdura la visión fasista de la historia de la energía? Muy buena pregunta, sin duda. Hay que seguir por tanto investigando. Ahora bien, algo hemos aprendido. Los análisis del futuro no han de estar cimentados sobre esa mala historia –fasista– que posibilita falsas promesas tecnológicas sin nada de carbono.

Pocas dudas pueden quedar, a la luz de lo ya señalado, de que merece la pena leer esta obra, bien escrita y sólidamente documentada. Nos ayudará considerablemente en nuestra toma de decisiones sobre el futuro de las generaciones que nos continuarán y, por supuesto, sobre el porvenir del propio planeta. Sin un buen conocimiento científico es difícil imaginar siquiera la prevención y la optimización de nuestra existencia en este mundo. No lo olvides: tienes aquí y ahora una buena oportunidad de estar bien informado, ante la enormidad del reto que hemos de afrontar o la magnitud del desastre que se nos puede avecinar, pues nos hallamos ni más ni menos que ante el titán del clima: el desafío climático. La transición o la resignación adaptativa no parecen ser las mejores alternativas científicas –ralentización-.  Cierto. ¿Y cuáles podrían ser las mejores? Solo se subraya, de modo muy general, un denominador común: la autoamputación energética.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *