Si Einstein lo hubiera sabido

Aspect, A., con la colaboración de Depambour, G., (2025). Si Einstein lo hubiera sabido. Un siglo de debates y avances científicos. Barcelona: Debate.

Portada del libro

Comenzamos un viaje apasionante -más de un siglo: Bohr, Einstein, Bell, Clauser…- de la mano de este Premio Nobel de Física (2022), que nos introducirá, además, en la segunda revolución cuántica -manipulación del entrelazamiento, la no-localidad-. Serás, a buen seguro, un apasionado testigo en el placer de compartir lo aprendido -contenido- y también de cómo se lleva a cabo la investigación –pasión por aprender, obstinación por saber...-. Te apetece, ¿no?

Si nos lanzamos sin más al núcleo de la cuestión que vertebra esta obra, podemos decir que es necesario un experimento de laboratorio, después de resultados contradictorios,  que nos certifique, por el momento, si la visión específica de Einstein o la de Bohr es la apoyada por los datos: si se obtiene una violación de las desigualdades de Bell, la mecánica cuántica -Bohr- sale fortalecida, si, por el contrario, los resultados satisfacen esas desigualdades, la visión del mundo einsteiniana es la triunfadora. Intuyo que te gustaría saber ya la respuesta obtenida tras poner a prueba las desigualdades de Bell, modificando con rapidez la configuración de los aparatos de medida, que es el experimento realizado justamente por Aspect. Espera un poco y la hallarás. Después, te resultará más placentera/satisfactoria.

Es muy importante tener en cuenta el contexto: las grandes aportaciones de finales del siglo XIX y principios del XX en torno a la radiación del cuerpo negro y sobre todo el cuanto de luz y el efecto fotoeléctrico –revolución einsteiniana: la hipótesis de los cuantos es incompatible con la física clásica (visión corpuscular de la luz: los fotones)-. Además, Einstein introduce la dualidad onda-partícula para la luz y una teoría cuántica de la interacción materia y radiación. Si al principio aparece una cierta reticencia -escepticismo- a estos avances por parte de los físicos, después ya van a ser aceptados -científicamente- sin problemas.

A partir de aquí, el fundamental debate Bohr-Einstein. En esencia, Einstein piensa que se puede describir la realidad física de manera más precisa que la derivada del formalismo cuántico (Heisenberg, Schrödinger…), defendido por Bohr, y que al no ser una teoría completa, el formalismo cuántico, en consecuencia, debe ser necesariamente incompleto: Einstein dixit. Bohr, por el contrario, defiende que es inútil querer completar el formalismo cuántico para sanarlo de su carácter probabilista. ¿Sería esto cierto si en vez de trabajar con una sola partícula se hiciese con dos entrelazas -entrelazamiento cuántico: segunda revolución cuántica-? Pasaríamos así al segundo acto del debate, de carácter más epistemológico.

¿Qué ocurre con las teorías locales con parámetros adicionales, esenciales para la visión realista local del mundo de Einstein, Podolski y Rose? Bohr contrarrestará que la mecánica cuántica no puede complementarse sin que pierda su coherencia interna. La diferencia de estos dos mundos es considerable, nada fácil de reconciliar. Es más, resultará incompatible, tras los experimentos (mentales y reales) inspirados en Bohm (EPRB: Einstein, Podolski, Rose y Bohm), de los de Bell (teorema o desigualdades de Bell: imposibilidad de reproducir las predicciones de la mecánica cuántica mediante una teoría local con parámetros adicionales) y de los del propio autor (de las desigualdades de Bell -experimento mental- a los experimentos reales que buscan aproximarse al esquema ideal de Bell).

Al final, ¿quién gana y quién pierde -científicamente hablando-, a la luz de las aportaciones del autor de este volumen y por las que fue galardonado con el Nobel -bien merecido, pues-? ¿Lo puedes inferir? Inténtalo. Este volumen -su lectura- supone una invitación -debidamente contrastada- a dejar de lado la última versión einsteiniana del mundo cuántico, pues se producen violaciones/incumplimientos empíricos de las desigualdades de Bell en los experimentos y concordancia con las predicciones cuánticas. Asunto, pues, resuelto (por ahora).

Libro muy bien escrito, con explicaciones claras de los hallazgos científicos de más de cien años de experimentos reales y mentales, con un hilo conductor que nos guía hasta esta conclusión: Einstein no llegó a ver la coherencia autónoma de la mecánica cuántica, siendo así que fue el gran iniciador/impulsor de la misma. Bohr, en su debate con él, se ha cargado de razón mediante una experimentación ulterior (si Einstein lo hubiera sabido…) a la vida de ambos contendientes académicos. Prescriptiva lectura, pues, para cualquiera que desee estar mínimamente bien informado de nuestro mundo (cuántico) -gracias a la buena ciencia: a su experimentación y a su posterior divulgación-.

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