Los pilares de la creación

Panek, R. (2024/25). Los pilares de la creaciónEl telescopio especial James Webb y los secretos del cosmos. Madrid: Oberon.

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Los avances científicos suponen descubrimientos de nuevos horizontes, que, a su vez, nos abrirán las puertas -en este caso- a horizontes más lejanos en el espacio y en el tiempo (el telescopio espacial Hubble cediendo el testigo al Webbciencia y tecnología creando una espiral virtuosa). De esta forma, veremos lo que nuestros ojos, por sí solos, serían incapaces de ver, pero sí gracias al prodigio del más potente telescopio jamás construido: hablamos de desvelar/conocer los verdaderos secretos del cosmos.

 El avance en ciencia -y tecnología- es claro: cada vez conocemos más -y mejor- satélites, planetas, estrellas, galaxias, agujeros negros… cambiando/modificando así nuestra manera de ver el mundo/cosmos (salto conceptual). Enriqueciéndonos, de este modo, considerablemente, al tener ahora acceso a regiones no visibles del espectro electromagnético (donde no hay visiónel pueblo perece).

En cuanto a los objetivos para el telescopio espacial Webb -entre los más importantes -: a) hacer lo mismo que Hubble, pero a ser posible mejor –más allá del Hubble, sobre todo tras el enamoramiento general -vía internet- causado por sus aportaciones/imágenes (miles de galaxias del campo profundo de Hubble); b) observar galaxias próximas al nacimiento del universo (corrimiento al rojola primera luz en el universo) e, igualmente, c) proporcionar datos sobre planetas de otras estrellas de nuestra galaxia (orígenes de la vida: protoestrellas, protoplanetas y también exoplanetas, potencial de habitabilidad).

Un foco vertebrador: conocer la composición química de objetos situados a distancias considerables de la tierra –espectroscopia en longitudes de onda del infrarrojo cercano y medio-. Conociendo cada vez más mejor nuestro universo -aunque no en progresión lineal-: es la esencia de la buena ciencia. Así nos encontramos con un universo en movimiento a través del tiempo -se está expandiendo-.

Una de las grandes aportaciones: la obtención de las señales más lejanas de elementos en el cosmos, que nos obligaríana una nueva reconceptualización de nuestros nuevos marcos mentales (fusiones galácticas, galaxias de unos 460 millones de años después del Big Band, el final de la Edad Oscura, la evolución galáctica en el universo primigenio, mayor número de supernovas de lo que cabía imaginar…).

Pero el final del conocimiento científico se halla aún muy lejano, pues tenemos todavía grandes preguntas que nos acechan: ¿qué es la materia oscura?, ¿qué es la energía oscura?, ¿hasta qué punto se está acelerando la expansión del universo debido a la energía oscura?, entre otras.  Y más específicamente, dentro del contexto establecido por el propio volumen: ¿qué hay más allá -los orígenes de la vida y del universo-? La relevancia de estas cuestiones salta a la vista, cuando constatamos que el cosmos está formado por un 4.9 % de la materia que conocemos, un 26.6% de materia oscura y un 68.5% de energía oscura.

Libro netamente divulgativo. Bien escrito, centrado en los conocimientos científicos derivados de la información aportada por el telescopio espacial más robusto creado hasta el momento -el James Webb: obra del ingenio humano, avance tecnológico con resultados excepcionales, auténtico pilar de creación-. En consecuencia, por lo ya indicado: es aconsejable su lectura (por lo que nos dice -hallazgos- y, sobre todo, por poner de manifiesto cómo avanza la ciencia: ir cambiando de marcos conceptuales a medida que queremos ir conociendo más y mejor). He aquí el quid de la buena ciencia. Vamos, en consecuencia, por muy buen camino.