Jugarse la piel

Taleb, N. N. (2018/19). Jugarse la piel. Asimetrías ocultas en la vida cotidiana. Barcelona: Paidós.

Portada del libro

Es muy probable que alguien se pregunte: ¿qué hace un libro como éste entre los comentados en ACIPE? En un primer momento, no parece seguir el denominador común de los anteriores: se entiende que sus lecturas nos posibilitarían estar bien preparados para hacer frente al futuro en un área concreta del saber con una base sólida –rigurosa-, reconocida por la comunidad científica internacional. La razón justamente en este caso es que para cualquier buen científico, la crítica, más allá del lenguaje y el tono empleados e incluso más allá del acierto o desacierto en la misma, ha de ser bienvenida, al estimular nuestra reflexión y nuestro aprendizaje y al constituir y contribuir a la esencia misma del propio hacer científico.

Taleb, conocido internacional y nacionalmente por algunas de sus obras previas –El cisne negro, Antifrágil…-, muestra un manifiesto desacuerdo con lo planteado por algunos de los autores que figuran en nuestro listado de libros revisados –Pinker o  Sunstein, entre otros-, así como un escaso aprecio tanto por los Premios Nobel en general (los premios como maldición) y por los de Economía en particular –valgan Stiglitz, Thaler, en tanto ejemplos ilustrativos-, como por las Instituciones Académicas –universidades públicas y privadas del mundo-, debido a sus formas concretas de valorar la docencia y sobre todo la investigación –la revisión por pares-, utilizando para ello un lenguaje que no  se encuadra precisamente dentro del considerado como políticamente correcto (utiliza palabras menos corteses). Para muestra un par de botones: podemos identificar una disciplina como una simple estupidez si depende estrictamente del prestigio de la universidad que la imparte; combato el sistema educativo convencional, hecho por y para bobos. Las universidades diana que tiene en mente son fundamentalmente las que forman la conocida Ivy League estadounidense(grupo de universidades de élite: excelencia académica, selectividad en las admisiones y elitismo social) y  algunas de las que figuran en los primeros puestos de los rankings internacionales.

La esencia de sus críticas radica en que considera que los pensadores e investigadores del mundo académico no se juegan la piel –asunción de riesgos- (jugarse la piel mantiene la soberbia humana bajo control; si no nos jugamos la piel no hay evolución), no comparten riesgos (son para los demás, no para ellos; no están dispuestos a perder si se equivocan), no se instalan en las simetrías –equidad, justicia, responsabilidad y reciprocidad-, sino en las asimetrías ocultas de la vida cotidiana (lo bueno para uno, mientras que lo malo es para los demás; regla de la minoría – madre de todas las asimetrías-; diferencia injusta –privilegiada- en la información necesaria para la toma de decisiones), al dedicarse fundamentalmente al ascenso institucional y profesional, encerrados siempre en sus torres de marfil y evaluados únicamente por sus propios colegas, igualmente enclaustrados en las mismas torres. La evaluación por los resultados (más allá de las meras apariencias sociales de sus protagonistas – títulos, afiliación…), que afectan positivamente a la sociedad, brilla por su ausencia en el mundo universitario. La falta de riesgos asumidos distorsiona la información de una manera asombrosa, con los consabidos perjuicios  para la ciudadanía.

Pero en medio de tanta crítica generalizada, cómo no, una ironía del destino o de la propia ciencia, pues este autor sumamente crítico, para bien o para mal, no puede dejar de mencionar a bastantes de nuestros autores recensionados, lo que refuerza nuestra idea de que difícilmente podremos hacer  frente a los desafíos del futuro en diversos campos científicos si no tenemos en cuenta sus aportaciones (criticadas –se aprende de los errores propios y de los demás- o asumidas). Bienvenido, pues, Taleb (libertario, como se considera a sí mismo) al buen mundo académico (eso es lo que pretende ACIPE: de ahí su apertura de miras y el aprecio por el rigor) que da cabida a distintos enfoques de pensamiento –incluido el suyo-, aunque tal vez no estén tan bien fundamentados como uno se imagina por el hecho de creer que se ha dejado la piel en ellos. Las críticas –de quienes provengan-, avaladas por las correspondientes demostraciones, son las más creíbles (facta, non verba).

La palabra, a partir de ahora, la tiene la persona amante de las lecturas de las buenas y bien fundadas obras. Sí podemos inferir que es poco probable que tras la lectura esa persona vaya a quedar indiferente: se verá impulsada a pensar (en términos dinámicos más que estáticos, a gran escala aunque también  a pequeña escala, en la importancia de las interacciones, en las consecuencias de sus actos, en el principio de precaución…), lo que será sin duda positivo para ella –para cada uno de nosotros- y para la sociedad. A jugarse pues la piel toca, reflexionando y siendo consecuentes.

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