Damasio, A. (2025). Inteligencia natural y la lógica de la consciencia. Barcelona: Destino.

Su autor es un reconocido neurocientífico, a escala internacional. Además, ya hemos recensionado en ACIPE alguna de sus obras. En este volumen el gran interés va a ser el de traer a colación los fundamentos de la consciencia (proceso biológico que nos permite darnos cuenta de nuestra propia vida y la del universo que nos rodea), asunto al que ha prestado mucha atención/estudio a lo largo de su vida profesional/académica –orígenes de las mentes conscientes- y que, entiendo, nos será de suma utilidad -académica y personal-. Comencemos pues.
Yendo al grano desde un comienzo: la consciencia es consecuencia directa de los sentimientos homeostáticos (espontáneos y necesariamente conscientes). De hecho, somos conscientes gracias concretamente a la presencia continua y abundante de los sentimientos homeostáticos. Para llegar a ser conscientes tenemos, pues, que poder sentir. Una vez lograda la consciencia, las mentes -conscientes- ya pueden ser creativas. Ahora bien, estas mentes conscientes no son exclusivas de los humanos (los sentimientos homeostáticos los encontramos en muchas especies dotadas de sistemas nerviosos y sintientes).
Los logros de las mentes conscientes son patentes a lo largo de la historia de la humanidad -basta echar un vistazo a las distintas facetas de nuestras vidas actuales: esperanza de vida, confort, prodigios tecnológicos…-. Ahora bien, también es pertinente señalar su lado oscuro (problemas ocasionados): sirva el cambio climático como ejemplo prototípico. En el marco de los riesgos también se debieran incluir los componentes adictivos de algunas de las nuevas tecnologías. Aquí se pondrá de manifiesto el contraste entre la inteligencia natural (mente consciente subjetiva/sintiente -estado de la vida dentro del organismo, homeostasis, sentimientos de existencia-, mente perceptiva y mente reflexiva/lingüística, con sus distintos fundamentos biológicos, su diferente antigüedad evolutiva y sus diversas consecuencias funcionales, aunque formando una mente integrada) y la inteligencia artificial (IA). No es fácil que lleguen a confundirse, siendo tan notoriamente diferentes (la velocidad de procesamiento... y los sentimientos).
Si nos adentramos en la mente integrada constatamos que la vida afectiva es el gozne en torno al cual giramos y la mente sintiente el corazón de nuestro ser. Sin los sentimientos/consciencia, guiando el proceso vital, nuestro organismo se volvería ingobernable. Sin interocepción no hay mente ni consciencia –homeostasis asistida por los sentimientos: regulación vital y supervivencia-.
Los sentimientos homeostáticos/interoceptivos nos revelan tanto el estado interno del organismo como su ubicación en el universo. Los sentimientos identifican cada problema mediante la representación espontánea y consciente del mismo. La solución será básicamente de tipo cognitivo -sentimientos de existencia (homeostáticos -más amplios-) > consciencia > solución cognitiva-. En la base de este proceso está la comunicación cruzada –bidireccional: experiencia– entre el cuerpo y el cerebro/mente/imágenes animadas, que se hace así justamente consciente -imágenes que representan hechos e ideas, junto con sentimientos que representan estados corporales-. Hay una operación conjunta –pertenencia recíproca: presencia simultánea de sintiencia-.
Los sentimientos son, tal como vamos viendo, procesos compuestos con una tipología singular. Se trata de un proceso de amalgamación corporal y neuronal, fundamentado en la polisensorialidad y en una escasez o ausencia total de mielinización axónica, con intervención del núcleo del tracto solitario, el nervio vago, los órganos circunventriculares, la señalización no sináptica, el acoplamiento efáptico, por solo citar algunos ejemplos ilustrativos. La aparición y desarrollo de la conciencia (temperatura corporal, respiración, circulación sanguínea, el hambre, la sed, el dolor…), basada en los sentimientos, se complementa con la de su pérdida -coma, estado vegetativo, sueño, anestesia-. Los sentimientos homeostáticos proporcionan a la exterocepción las últimas consecuencias de la interocepción: un hogar y un dueño.
Parece, de este modo, que el problema difícil –el de la consciencia: afecto/pasión que se hibrida con las imágenes con las que se describe el entorno- no tiene por qué serlo tanto, aunque afirmar taxativamente que ya está resuelto tal vez sea demasiado prematuro. Habrá, pues, que seguir investigando.
Por lo hasta ahora indicado ya se intuye que estamos ante un libro que merece la pena ser leído, al ponerse de manifiesto las aportaciones específicas -frente a las predominantes- de uno de los renombrados autores, a escala mundial, que ha dedicado más de tres decenios al estudio de la consciencia. Muy bien escrito. Rezuma sabiduría por doquier, lo que supone una considerable aportación, más allá incluso del posible acuerdo o descuerdo -parcial o total- con la tesis defendida.
