Yo contengo multitudes

Yo contengo multitudes. Los microbios que nos habitan y una visión más amplia de la vida. Yong, E. (2017). Barcelona: Debate.

Portada del libro "Yo tengo multitudes"
Portada del libro

En su día ya recensionamos una obra centrada en el mismo tema (Yo soy yo y mis parásitos), y también enmarcada dentro de la categoría del Periodismo de investigación. Es un asunto, pues, que se está investigando en la actualidad (sirvan a título de ejemplos ilustrativos: la creación de una biblioteca de genomas de todas las especies amazónicas –una bioteca– o el más ambicioso proyecto de biogenoma de la tierra, que pretende abarcar todas las especies del mundo) y que, sin duda, va a contribuir a una imagen más real de  cómo ha sido la evolución de la vida en nuestro universo y del porqué de buena parte de nuestros comportamientos.

Es hoy ya una realidad bien conocida que los microbios conviven con nosotros y están por todas partes. Si sólo en nuestros zapatos se pueden acumular más de 400.000 bacterias, en nuestros cuartos de baño o en los fregaderos hemos de contarlas por millones. No es posible moverse sin toparse con multitudes de ellas. Si la mirada hacia fuera se completa con una hacia el interior podemos afirmar, según los datos más recientes, que cada uno de nosotros contiene unos 30 billones de células humanas y unos 39 billones de células microbianas. La conclusión, más allá del grado de la exactitud de las cifras actuales, es clara y contundente: cada uno de nosotros albergamos multitud de colectivos muy diversos, somos en esencia una multitud viviente.

Desde un punto de vista histórico, podemos destacar tres etapas importantes en la concepción de los microbios: a) la anterior al descubrimiento científico de estos seres invisibles a simple vista –no podíamos ser, por tanto, conscientes de su entidad y creíamos que estábamos solos-; b) la de una visión negativa hacia ellos, pues se consideraban patógenos a los que era preciso eliminar –de ahí el uso y abuso de los antibióticos en el caso de las bacterias-; c) la actual y futura, de la que se hace eco el libro, en la que podemos ir analizando pormenorizadamente sus múltiples ventajas (sin ellos fue, es y será imposible la vida humana, más concretamente en el caso de las bacterias) y algunas desventajas (pueden ocasionarnos en determinados circunstancias enfermedades o incluso la muerte).  Los billones de microbios que viven con y dentro de nosotros no son tan malos como hemos pensado y aún seguimos creyendo, para nuestra desgracia. Las trasnochadas y peligrosas metáforas de guerra (erradicación contundente de todo tipo de gérmenes) han de dejar paso a otras mejor fundamentadas y matizadas, derivadas del cultivo y la jardinería y que dan pie a la colaboración vital. 

Si esto es así, y las pruebas son sólidas al respecto, nuestra perspectiva del mundo que nos rodea y de nosotros mismos necesariamente tiene que cambiar. Los humanos somos ecosistemas bípedos: nuestra vida es fruto de una más o menos equilibrada simbiosis, de una permanente interacción entre nosotros mismos (los anfitriones) y los simbiontes (bacterias principalmente, aunque no de modo exclusivo). Nuestra salud o buena parte de nuestras enfermedades no se pueden comprender plenamente sin conocer los mecanismos de interacción entre las multitudes que nos habitan y nuestros billones de células.

Se hace, por tanto, imprescindible contar con nuevos conceptos y nuevos enfoques. Así, por ejemplo, donde antes considerábamos más que suficiente con estudiar  el  genoma humano, tal vez ahora hayamos de introducir el constructo hologenoma (el estudio de los genes en sí tanto del anfitrión como de los simbiontes, junto con sus interacciones). Además de la transferencia vertical de los genes, que conocemos relativamente bien, se ha de tener en cuenta la transferencia horizontal, que permite a las bacterias evolucionar a velocidades vertiginosas, lo que, como cabe imaginar, tiene a su vez  importantes implicaciones (positivas y negativas) para todos nosotros. Pensemos en la propagación de las bacterias resistentes a los antibióticos: se comienza a ver como una de las mayores amenazas para la salud humana de nuestro siglo.

Por lo dicho, creo que merece mucho la pena la lectura de esta obra, pues nos posibilita entendernos mejor a nosotros mismos, desde un punto de vista científico, en tanto la multitud de seres vivos que necesariamente somos. En buena medida el tipo de futuro que podremos vivir (la jardinería que llevemos a cabo) dependerá de la comprensión rigurosa de las interacciones (positivas y negativas) entre anfitriones (los humanos) y simbiontes (los microbios internos y externos).

Juan Fernández Sánchez

Autor: Juan Fernández Sánchez

Catedrático de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Primer responsable (Coordinador, 2013/14-2015/16) del Máster Oficial en Psicología de la Educación (UCM). Primer Editor (1998-2003) de la revista Spanish Journal of Psychology. Coordinador de la Comisión Nacional de Psicólogos Educativos (CIPES).