La locura del solucionismo tecnológico

Morozov, Evgeny (2013). Madrid: Clave Intelectual.

Portada de "La locura del solucionismo tecnológico"
Portada de “La locura del solucionismo tecnológico”

Si hay algo que en nuestros días apreciamos sobremanera es el “solucionismo tecnológico”, sobre todo por parte de los así llamados “nativos digitales”, aunque los “analfabetos funcionales digitales” cada vez lo valoren más (tal vez al estar condicionados por el internet-centrismo y por la propia camisa de fuerza digital –eficacia, transparencia, certeza y perfección-). Además, pocas dudas caben que si hay un contexto donde se debiera apreciar y analizar este fenómeno tan actual ése debiera ser precisamente el educativo, donde han de convivir nativos digitales (buena parte de los alumnos) y “disfuncionales” digitales (algún que otro profesor que todavía no muestra las suficientes competencias digitales). La tesis que se defiende y documenta a lo largo del libro es muy clara: son considerables e innumerables las ventajas (de casi todo tipo) que nos ha traído consigo nuestra era digital. Es difícil, por no decir imposible, negarlo. Disfrutemos, pues, de ellas y más si cabe en los contextos formales de enseñanza.

Ahora bien, la aportación propia del autor (aparte de poner de manifiesto, de forma bien documentada, las virtudes de las nuevas tecnologías digitales) reside en un cuestionamiento (de hereje digital): ¿sólo nos ha traído ventajas o, como no podía ser de otro modo, tratándose de productos humanos, corremos algunos peligros si no somos conscientes de sus no tan aparentes efectos secundarios o colaterales? Ante todo, parece pertinente luchar de frente contra el fatalismo digital o derrotismo digital (los dioses de la información o los geeks ya lo han decidido todo): puede haber, y de hecho hay, otras formar de ser y estar en el mundo distintos a lo que se nos quiere imponer como únicas soluciones posibles (ideales, eficientes) a nuestros muchos problemas actuales. Es una realidad que el proceso impecable y perfecto de comunicación que da por sentado la cibernética no existe. De hecho, hoy ya es posible constatar el efecto nevada (generación de datos de mala calidad que imposibilitan la correcta comprensión de la realidad), o la intoxicación con internet (creación de soluciones para problemas inexistentes –falacias del solucionismo-) o la memeficación de nuestra vida pública (principal patrón de valoración: el éxito online), o el auge de las audiencias algorítmicas (máximo valor: cuántas visitas) frente a las deliberativas , por traer a colación sólo algunos efectos no tan beneficiosos del solucionismo tecnológico.

¿Qué ocurre si intentamos trasladar ese solucionismo tecnológico al ámbito de la educación? Que podemos obtener considerables ventajas. Pensemos, a título de ejemplos ilustrativos, en las grandes aportaciones de las redes que posibilitan el contacto directo entre académicos y profesionales (ACIPE ya cuenta con una propia) o la digitalización de nuestras múltiples pruebas de evaluación (contamos con una experiencia muy satisfactoria realizada últimamente en Madrid). Todo ello supone un considerable ahorro de recursos humanos, de dinero, de tiempo. También podemos acercarnos a muchísima más gente, a fin de hacer cribados que nos detecten, a su debido tiempo (posibilitando incluso la prevención), posibles sujetos de riesgo, disminuyendo también el número de errores en la computación de los datos. Pero, a su vez, no debiéramos olvidar que podemos correr serios peligros si damos un poder omnímodo a las tecnologías en detrimento de la acción y la reflexión humana. Las experiencias se acumulan al respecto, pudiendo ya hablar con rigor de los mitos de la enseñanza en línea: ésta no debiera consistir sólo en la transmisión eficaz de información (que sí lo logra), sino en la capacitación para transformarla en conocimiento (que dista mucho de haberlo conseguido o que incluso lo pueda lograr en el futuro). Siguiendo esta misma línea argumental, en Psicología de la Educación, como en la propia Psicología, estamos muy acostumbrados a utilizar el SPSS para los más diversos tipos de análisis de datos. A veces, tal vez demasiadas veces, confiamos excesivamente en esta por lo demás muy útil herramienta: así, los análisis factoriales exploratorios o confirmatorios (es sólo uno de los múltiples ejemplos posibles) suelen ser satisfactorios sin más, puesto que casi siempre nos suele “salir” alguna estructura factorial más o menos como la que esperábamos (en el mejor de los casos) o, de nuevo otro ejemplo muy común, las diferencias estadísticamente significativas (nos las proporciona la herramienta) se convierten de inmediato en diferencias psicológicas significativas. Para esto último se requiere pensar y esto hoy por hoy no lo proporciona la aplicación. Algo parecido nos pasa con la utilización mecánica con, por ejemplo, el Power Point: basta su mera utilización para que nos hagan creer que hemos mejorado la docencia.

Si ya estamos de lleno en la era digital y sabemos a ciencia cierta que cada vez se extenderá más a todas las capas y circunstancias de nuestra sociedad, parece buen momento para reflexionar, como lo hace Evgeny Morozov en esta extensa y bien fundamentada obra, tanto sobre las indudables y admirables ventajas que conlleva (no parece aconsejable alinearse con los tecnofóbicos), como sobre sus posibles efectos no tan deseados (que haberlos, haylos). Con ello, daremos un paso adelante: el que nos abre la puerta al mundo postinternet morozoviano.

Juan Fernández Sánchez

Autor: Juan Fernández Sánchez

Catedrático de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Primer responsable (Coordinador, 2013/14-2015/16) del Máster Oficial en Psicología de la Educación (UCM). Primer Editor (1998-2003) de la revista Spanish Journal of Psychology. Coordinador de la Comisión Nacional de Psicólogos Educativos (CIPES).

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